Votos en el Parlamento y palos en la calle, el régimen político busca imponer la reforma laboral

¡Rechazamos la reforma laboral y la violenta represión desplegada para hacerla pasar!

El 11 de febrero Milei, como cabecera en la guerra de clases que la burguesía viene librando contra la clase trabajadora, consiguió la media sanción de su proyecto de reforma laboral. No se trata de un simple cambio legislativo sino de un intento por liquidar derechos conquistados durante años para abaratar costos, flexibilizar condiciones y golpear la organización obrera en el país. Bullrich obtuvo su momento de gloria como flamante presidenta del Senado, con el acompañamiento de los senadores de su partido, además de los del PRO y la UCR, y el voto de siete senadores peronistas.

A Monteoliva, sucesora de Bullrich en el Ministerio de Defensa, no le faltó nada para replicar las tácticas de su antecesora y montar su propio espectáculo represivo. La imagen ya es conocida tras las numerosas protestas previas contra el gobierno de Milei. Con la precisión de un reloj, justo antes de las 17 horas, cuando miles de trabajadores que terminaban su jornada estaban por acercarse a la protesta, la policía dejó correr algunos disturbios, muy probablemente obra de infiltrados, para justificar una represión feroz contra el conjunto de los manifestantes y, en cuestión de minutos, vaciar a fuerza de gas pimienta, balas de goma y camiones hidrantes toda la Plaza de los Dos Congresos.

Según el Comité Nacional para la Prevención de la Tortura y la Comisión por la Memoria bonaerense, 562 personas tuvieron que recurrir a los puestos sanitarios de salud, hubo al menos 31 detenidos y unos 70 militantes fueron demorados, acorralados por la policía. Las detenciones se desarrollaron como una verdadera cacería arbitraria.

Cuando gran parte de la movilización ya se había desconcentrado, varios manifestantes fueron detenidos y violentados por la policía a varias cuadras del Congreso. La mayoría fue liberada posteriormente, ya que el ministerio de Monteoliva no pudo presentar pruebas que los vinculan con delitos concretos. A pesar de que presentó una burda denuncia ante la Justicia Federal por terrorismo contra los detenidos por lo cual se abrirá una “investigación”.

En estos días quedó bien en claro cómo funciona, de manera concreta, el aparato represivo del Estado capitalista y la institucionalidad burguesa. Puertas adentro, el Parlamento monta el circo del debate y la votación, donde todo parece reducirse a discursos y mayorías formales. Afuera, cuando la medida es resistida, interviene la policía no solo para hacer valer lo votado, sino fundamentalmente para disciplinar y fijar límites a la movilización. No se trata de planos separados. La escena institucional otorga cobertura legal a decisiones que responden a los intereses de una clase social determinada, y la represión actúa para proteger esos mismos intereses cuando son cuestionados en la calle. En este engranaje participan los partidos patronales del régimen, tanto oficialistas como opositores, como representantes políticos de esa clase, junto con las conducciones sindicales burocratizadas, vinculadas por mil y un lazos al aparato del Estado y, en particular, la dirección de la CGT, integrada de hecho al entramado del Estado, que cumple un papel funcional a los intereses empresariales. Este cuadro no solo revela el carácter de clase del régimen, también explica por qué las respuestas limitadas al terreno parlamentario o a gestos testimoniales resultan impotentes frente a una ofensiva que combina legalidad y coerción.

Las estrategias de las principales direcciones de la clase trabajadora resultan completamente insuficientes. Convocar movilizaciones parciales y defensivas para presionar a algunos legisladores, sin impulsar un paro general ni una movilización amplia con asambleas y comités de coordinación, no alcanza para frenar el avance de la burguesía ni para defender las futuras condiciones de vida y trabajo de nuestra clase.

La clase trabajadora movilizada puede derrocar cualquier ley antiobrera y, si así lo decide, también a cualquier gobierno antiobrero, incluso a este sistema social capitalista que la mantiene permanentemente a la defensiva. Esto solo es posible cuando cuenta con una dirección revolucionaria consecuente y lucha con una estrategia clara y una perspectiva de poder obrero.

Ninguna contrarreforma ni ataque violento del Gobierno va a frenar nuestra determinación de construir la dirección que la clase trabajadora necesita para alcanzar sus objetivos históricos.

¡Abajo la reforma laboral!

¡Abajo la represión y libertad a todos los detenidos!

¡Sobreseimiento de los imputados!

¡Abajo Milei, Bullrich y Monteoliva!

¡Que se vayan todos!

¡Luchemos por un gobierno de la clase trabajadora y el socialismo!

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