1919-2019: Centenario de la Internacional Comunista (VII) – Tesis sobre las Juventudes Comunistas

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Salvador Allende dijo una vez: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”. No se trata de una cita solemne y hueca, sino un hecho empírico constatable en la historia. Desde el siglo XIX a la actualidad, pasando por el mayo del 68 francés, las capas más jóvenes de la clase obrera han desempeñado y continúan desempeñando un extraordinario papel revolucionario en la lucha de clases. La Revolución rusa no fue una excepción a esta regla. La III Internacional, consecuentemente con su objetivo de extender el socialismo a nivel mundial, fraguó el entusiasmo revolucionario de la juventud obrera europea creando la Internacional de las Juventudes Comunistas. Asimismo elaboró dos resoluciones sobre las Juventudes Comunistas, en su III y IV Congreso, cuyos extractos publicamos.

La III Internacional fue plenamente consciente de que las características particulares de los jóvenes los hacen más permeables a las ideas que implican la transformación radical de la sociedad. Sus particulares condiciones psicológicas y económicas representan factores que permiten el desarrollo de la conciencia de clase de manera más libre que en los obreros adultos. Es por ello que, en una situación de convulsión política, la juventud suele ser la primera capa de la clase trabajadora que comienza a moverse: representa la punta de lanza de la totalidad de la clase cuando ésta entra en la arena política.

Los jóvenes de hoy en día han vivido en crisis prácticamente desde que tienen conciencia. Las cifras de la natalidad son las más expresivas de las enormes dificultades que afrontan a la hora de independizarse y construir una vida por sí mismos. Según elplural.com[1], la natalidad en el Estado español ha caído a cifras de la posguerra, cerrando el primer semestre de 2018 con 46.590 muertes más que nacimientos según los datos del INE, datos que no se registran desde 1941. Tener hijos requiere un sueldo no miserable, una vivienda más o menos amplia y una estabilidad laboral que asegure una mínima perspectiva de futuro, tres supuestos básicos que el capitalismo niega a la absoluta mayoría de la joven clase trabajadora. Esto despierta su ansia de conocer el porqué sus padres pudieron tener una vida digna, cuando ellos se ven forzados a emplear la mitad de la suya estudiando para finalmente emigrar y aún así ni siquiera poder rozar esa perspectiva. El odio de clase comienza a hervir en sus venas.

Un fenómeno particular del período de incipiente convulsión política en el que nos encontramos es la politización cada vez más rápida de los estudiantes más jóvenes. Movimientos como el 8 de marzo o las huelgas contra el cambio climático están compuestos en gran parte por adolescentes de 14, 13 o incluso menos años, especialmente del género femenino, que participan por primera vez en una manifestación. Este hecho es extraordinariamente positivo, porque genera unas tradiciones de movilización y militancia en esta capa de la clase trabajadora que mantendrá en el futuro, cuando vengan confrontaciones revolucionarias más serias. La tarea de los marxistas consiste en participar activamente en estos movimientos para convertirse en la vanguardia de los mismos, combatiendo a la vez las ideas burguesas que se difunden en su seno.

Sin embargo, como explicamos en nuestro análisis de las tesis sobre el Frente Único[2] , en el desarrollo de esta intervención los marxistas no podemos desligarnos de las plataformas que componen los movimientos, sino trabajar dentro de las mismas, codo con codo con las demás organizaciones. En esta línea, si por algo se caracterizan las resoluciones de la III Internacional sobre la juventud, es por su crítica al sectarismo. Esto se debe a que las condiciones históricas en las que se crearon las secciones de la III Internacional determinaron que la joven clase trabajadora tuviera un enorme peso en la creación de los Partidos Comunistas, como por ejemplo fue el caso del PCE, formado a partir de un sector de las Juventudes Socialistas2. Las tesis de la III Internacional exigen a las secciones nacionales unificar a la vanguardia de la clase obrera para que ésta constituya un único ente político, cortando las aspiraciones de la juventudes de adquirir una independencia política del Partido, lo que en muchas ocasiones acompañaba derivas ultraizquierdistas. De la misma forma que la vanguardia ha de permanecer unida, ésta ha de permanecer conectada por mil vínculos al resto de la clase obrera, unificando la acción de la clase como si de un solo ente se tratara.

Hoy existe un enorme potencial para forjar organizaciones juveniles marxistas de masas. El sectarismo que denunció la III Internacional, tanto en las organizaciones de obreros adultos como en las de juventud, juega un papel pernicioso al separar a la vanguardia de la clase obrera del resto de los trabajadores. Desde Lucha de clases queremos hacer una defensa del carácter actual de estas tesis de la III Internacional, que no sólo ponen en valor el potencial revolucionario de la juventud, sino que explican cómo debe emplearse para la construcción de organizaciones de masas, no para aislarla en grupúsculos al margen del movimiento obrero.

Tesis de la Internacional Comunista sobre las Juventudes Comunistas (extractos)

III Congreso (Moscú, junio-julio de 1921): Resolución sobre la Internacional Comunista y el Movimiento de las Juventudes Comunistas

  1. El movimiento de la juventud socialista apareció bajo la presión de la explotación capitalista de la juventud trabajadora y del sistema ilimitado del militarismo burgués. Surgió como una reacción contra las tentativas de envenenamiento de la juventud trabajadora por las ideas burguesas nacionalistas y contra la negligencia y el olvido del partido socialdemócrata y los sindicatos en la mayoría de los países con respecto a las exigencias económicas, políticas y espirituales de la juventud.

En casi todos los países, las organizaciones de la juventud socialista se crearon sin el concurso de los partidos socialdemócratas y de los sindicatos, que se hacían cada vez más oportunistas y reformistas, y en algunos países esas organizaciones se formaron aún contra la voluntad de esos partidos y de esos sindicatos. Estos consideraron como un gran peligro la aparición de las juventudes socialistas revolucionarias independientes y trataron de reprimirlas, de modificar su carácter y de imponerles su política, ejerciendo sobre ellas una tutela burocrática y tratando de privarlas de toda independencia. 

  1. Además, la guerra imperialista y la actitud adoptada en la mayoría de los países por los partidos socialdemócratas debía agrandar el abismo abierto entre los partidos socialdemócratas y las juventudes internacionalistas y revolucionarias y acelerar el conflicto. La situación de la juventud trabajadora empeoró durante la guerra a causa de la movilización, de la explotación acrecentada en las industrias militares y de la militarización de la retaguardia. La mejor parte de la juventud socialista adoptó resueltamente una posición contraria a la guerra y el nacionalismo, se separó de los partidos socialdemócratas e inició una acción política propia (Conferencias Internacionales de la Juventud en Berna, en 1915. y en Jena, en 1916).

En su lucha contra la guerra, los mejores grupos revolucionarios de obreros adultos apoyaron a las juventudes socialistas, que se convirtieron así en un punto de agrupamiento de las fuerzas revolucionarias. Asumieron así las funciones de los partidos revolucionarios que no existían. Se convirtieron en la vanguardia en el combate revolucionario y adoptaron la forma de organizaciones políticas independientes. 

  1. Con la aparición de la Internacional Comunista y de los partidos comunistas en los diferentes países, el papel de las juventudes revolucionarias en todo el movimiento del proletariado se modifica. Debido a su situación económica y a características psicológicas particulares, la juventud obrera es más fácilmente accesible a las ideas comunistas y da prueba, en el curso de los combates revolucionarios, de un mayor entusiasmo revolucionario que sus mayores, los obreros. Sin embargo, son los partidos comunistas los que asumen para sí el papel de vanguardia que habían desempeñado los jóvenes, en lo que concierne a la acción política independiente y a la dirección política. Si las organizaciones de la juventud comunista continuasen existiendo en calidad de organizaciones independientes desde el punto de vista político y desempeñaran un papel dirigente, observaríamos la existencia de dos partidos comunistas concurrentes que sólo se distinguirían entre sí por la edad de sus miembros. 
  2. La tarea actual de la juventud consiste en reunir a los jóvenes obreros, educarlos en el espíritu comunista y conducirlos a las primeras filas de la batalla comunista. Ya pasó el tiempo en que la juventud podía limitarse a un buen trabajo en pequeños grupos de propaganda, compuestos de pocos miembros. En la actualidad existe, además de la agitación y la propaganda realizadas con perseverancia y aplicando nuevos métodos, otro medio de conquistar a las amplias masas de jóvenes obreros: el provocar y dirigir los combates económicos.

Las organizaciones de la juventud deben ampliar y fortalecer su trabajo de educación, adaptándose a su nueva misión. El principio fundamental de la educación comunista en el movimiento de la juventud comunista es la participación activa en todos los combates revolucionarios, participación que debe estar estrechamente vinculada a la escuela marxista.

Otro deber importante de las juventudes en la época actual consiste en destruir la ideología centrista y socialpatriota entre la juventud obrera y librar a ésta de los tutores y de los dirigentes socialdemócratas. Simultáneamente, deben hacer todo lo posible para activar el proceso de rejuvenecimiento resultante del movimiento de masas, delegando rápidamente a los partidos comunistas a sus miembros más adultos.

La gran diferencia fundamental existente entre las juventudes comunistas y las juventudes centristas y socialpatriotas se evidencia sobre todo en la participación activa en todos los problemas de la vida política y en los combates y acciones revolucionarias, así como en la ayuda para la construcción de los partidos comunistas. 

  1. Las relaciones entre las juventudes y los partidos comunistas difieren radicalmente de las existentes entre las organizaciones de la juventud revolucionaria y los partidos socialdemócratas. En el combate común por la rápida realización de la revolución proletaria,son necesarias la mayor uniformidad y la centralización más estricta. Desde el punto de vista internacional, la dirección y la influencia política sólo puede pertenecer a la Internacional Comunista. Las organizaciones de la juventud comunista deben subordinarse a esta dirección política, (programa, táctica y directrices políticas) e incorporarse al frente revolucionario común. Dados los diferentes grados de desarrollo revolucionario de los partidos comunistas, es preciso que, en casos excepcionales, la aplicación de ese principio esté subordinada a una decisión especial del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista y de la Internacional de la Juventud, que considere las condiciones particulares existentes. Las juventudes comunistas, que comenzaron a organizar sus filas de acuerdo con las reglas de la centralización más estricta, deberán someterse, para realizar y dirigir la revolución proletaria, a la férrea disciplina de la Internacional Comunista. Las juventudes se ocuparán, en el seno de sus organizaciones, de todos los problemas políticos y tácticos respecto a los cuales permanentemente deberán tomar posición, y en los partidos comunistas de su país siempre actuarán no contra esos partidos sino en el sentido de las decisiones, adoptadas por ellos. En caso de graves disensiones entre los partidos comunistas y las juventudes, éstas deben hacer valer su derecho de apelación al Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. El abandono de su independencia política no significa de ningún modo la renuncia a su independencia orgánica, que es preciso conservar por razones de educación. 

Como para la buena dirección de la lucha revolucionaria es necesario el máximo de centralización y unidad, en los países donde la evolución histórica colocó a la juventud en situación de dependencia con respecto al partido, esas relaciones deberán ser mantenidas como regla general. Las divergencias entre los dos organismos serán resueltas por el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista y el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista de la Juventud. 

  1. Una de las tareas más urgentes e importantes de las juventudes es la de liberarse totalmente de la concepción de su papel político dirigente, resabio de su periodo de absoluta autonomía. La prensa y todo el aparato de la juventud se deben utilizar para imbuir a los jóvenes comunistas del sentimiento y de la conciencia de que son soldados y miembros responsables de un único partido comunista.

Las organizaciones de la juventud comunista deben conceder más atención y tiempo al trabajo que inician para que puedan convertirse en un movimiento de masas gracias a la conquista de grupos cada vez más numerosos de jóvenes obreros. 

  1. La estrecha colaboración política entre las juventudes y los partidos comunistas deben hallar su expresión en una sólida vinculación orgánica entre las dos organizaciones. Es absolutamente necesario un permanente intercambio de representantes entre los organismos dirigentes de las juventudes y los de los partidos en todos los niveles: provincia, departamento, cantón y hasta en las últimas células, en los grupos de fábricas y en los sindicatos así como la mutua participación en todas las conferencias y congresos. De este modo, el partido comunista tendrá la posibilidad de ejercer, una influencia permanente sobre la actividad de la juventud y apoyarla mientras que ésta podrá a su vez gravitar positivamente sobre la actividad del partido. 
  2. Las relaciones entre la Internacional Comunista y la Internacional Comunista de la Juventud deben ser aún más estrechas que entre la internacional y los partidos comunistas. El papel de la Internacional Comunista de la Juventud consiste en centralizar y dirigir el movimiento de la juventud comunista, en apoyar y animar moral y materialmente a las diferentes uniones, en crear nuevas organizaciones de la juventud comunista en los lugares donde no existan y realizar propaganda internacional para el movimiento de la juventud comunista y su programa. La Internacional Comunista de la Juventud constituye un sector de la Internacional Comunista y como tal está subordinada a las decisiones de su Congreso y de su Ejecutivo. Dentro de esos límites ejecuta su trabajo y actúa en calidad de intermediario y de intérprete de la voluntad política de la Internacional Comunista en todas las secciones de esta última. Sólo mediante un intercambio constante y mutuo y una estrecha y continua colaboración se puede asegurar un continuo control por parte de la Internacional Comunista y un trabajo más fecundo de la Internacional Comunista de la Juventud en todos los órganos de su actividad (dirección del movimiento, agitación, organización, fortalecimiento y apoyo de las organizaciones de la juventud comunista).

IV Congreso (Moscú, noviembre-diciembre de 1922): Resolución sobre la Internacional de las Juventudes Comunistas

  1. El II Congreso Mundial de la Internacional de las Juventudes Comunistas decidió, de acuerdo con las resoluciones del III Congreso de la Internacional Comunista, subordinar desde el punto de vista político las juventudes comunistas a los partidos comunistas. También resolvió reorganizar a las juventudes comunistas, que hasta ahora sólo eran organizaciones de vanguardia cerradas en sí mismas y puramente políticas, en grandes organizaciones de masas de la juventud obrera que tendrán como tarea la representación de los intereses de la juventud obrera en todos los dominios, en los marcos del trabajo de la clase obrera y bajo la dirección política de los partidos comunistas. Sin embargo, las juventudes comunistas deben seguir siendo, como antes, organizaciones políticas, y la participación en la lucha política continuará siendo la base de su acción.

La lucha por las reivindicaciones económicas cotidianas de la clase obrera y contra el militarismo se ha considerado hasta ahora como el medio directo más importante de despertar y conquistar a las grandes masas de la juventud obrera. Las nuevas tareas exigen una reorganización de las formas de trabajo así corno de la actividad de las organizaciones.

La realización de un trabajo metódico de formación comunista en el seno de la organización y de un trabajo entre las masas de adolescentes no afiliados a la organización ha sido reconocida como indispensable.

La aplicación de las decisiones del II Congreso Mundial, que sólo podrá llevarse a la práctica mediante un trabajo largo y perseverante, se enfrentó con ciertas dificultades debido a que la mayoría de las juventudes comunistas tenían que realizar por primera vez esas tareas. La crisis económica (empobrecimiento, paro) y el asalto de la reacción obligaron a varias organizaciones a entrar en la ilegalidad, lo que disminuyó el número de sus miembros. El espíritu revolucionario ha bajado en toda la clase obrera tras el momentáneo debilitamiento de la oleada revolucionaria. Esta situación repercutió en la juventud obrera, cuyo espíritu se ha modificado durante esa época, y que ha manifestado menos interés por la política. Al mismo tiempo, la burguesía, así como la socialdemocracia, redoblaba sus esfuerzos para influir y organizar a la juventud obrera.

Desde su II Congreso Mundial, las juventudes han aplicado en todas partes el principio de la subordinación a los partidos comunistas. Sin embargo, las relaciones entre estos últimos y las juventudes no se realizan todavía en el sentido de la aplicación integral de las resoluciones del Congreso Internacional. La causa reside, sobre todo, en que frecuentemente los partidos no les prestan a las juventudes el apoyo indispensable en una medida suficiente para el desarrollo de su actividad.

En el curso de los quince últimos meses, se han adoptado medidas prácticas en la mayoría de las juventudes comunistas para la reorganización de las organizaciones de acuerdo con las resoluciones del II Congreso Mundial de las Juventudes Comunistas, de modo que ya existen las condiciones iniciales para la transformación de las juventudes comunistas en organizaciones de masas. Por medio de la propaganda a favor de las reivindicaciones económicas de la juventud obrera, las juventudes comunistas han emprendido, en una serie de países, un camino que deberán seguir para continuar influyendo a las grandes masas y ya han lanzado toda una serie de campañas y de luchas concretas.

Hasta ahora, las juventudes comunistas todavía no se han transformado completamente en organizaciones de masas, tanto desde el punto de vista numérico como desde el punto de vista de la vinculación orgánica con las masas, vinculación necesaria para poder influenciar y dirigir constantemente a estas últimas. También tienen importantes tareas que realizar en este sentido. 

2.- La ofensiva del capital ha afectado poderosamente a la juventud obrera. El descenso de los salarios, la prolongación de la jornada de trabajo, el paro, la explotación de la mano de obra, golpean a la juventud no solamente con la misma intensidad que a la clase obrera adulta sino que, frecuentemente, revisten formas aún más agudas. Se utiliza a la juventud obrera contra la clase obrera adulta. Se sirven de ella para rebajar los salarios, para romper las huelgas, para aumentar el paro de los obreros adultos. Esta situación peligrosa para toda la clase obrera es mantenida e intensificada por la actitud traidora de la burocracia sindical reformista, que descuida los intereses de la juventud obrera, hasta los sacrifica algunas veces, y aleja a las masas de obreros adolescentes de la lucha de la clase obrera adulta. Con frecuencia, también esta burocracia prohíbe la entrada en los sindicatos a los jóvenes. El ininterrumpido crecimiento del militarismo burgués agudiza también los sufrimientos de los jóvenes obreros y campesinos, profundamente oprimidos durante su permanencia en los cuarteles que los prepara para desempeñar el papel de carne de cañón en las guerras imperialistas futuras. La reacción castiga sobre todo a la juventud europea. En algunos lugares prohíbe la formación de organizaciones de juventudes comunistas, incluso cuando existen partidos comunistas.

Las dos internacionales de las juventudes socialdemócratas han permanecido inactivas hasta el momento ante la miseria de la juventud obrera, han constituido un bloque e intentan sofocar la voluntad de los jóvenes obreros que desean luchar junto a los adultos contra la burguesía. La creación de este bloque no tendía solamente a alejar de la lucha y del frente único a las masas oprimidas de la juventud obrera. Estaba especialmente dirigido contra la Internacional Comunista y debía llevar, en breve plazo, a la fusión de las internacionales de las juventudes socialdemócratas.

La Internacional Comunista proclama la necesidad absoluta de la creación del frente único de la juventud obrera y la clase obrera adulta. Exhorta a los partidos comunistas y a todos los obreros del mundo a apoyar enérgicamente las reivindicaciones de la juventud obrera en lucha contra la ofensiva del capital, contra el militarismo burgués y contra la reacción.

Saluda con satisfacción la lucha que la Internacional de las Juventudes Comunistas lleva a cabo por reivindicaciones vitales, por la unidad del frente de la juventud obrera, por el frente único entre los obreros adolescentes y adultos y le ofrece su total apoyo. Los ataques del capital, que amenazan con hundir a la juventud obrera en la más profunda miseria y convertirla en una víctima impotente del militarismo y de la reacción, deben ser derrotados mediante la férrea resistencia de toda la clase obrera. 

  1. Para desarrollar su actividad y resolver los problemas que surgen en el camino de la conquista y de la educación de las masas, el movimiento de las juventudes comunistas tiene necesidad de ser comprendido y apoyado activamente por los partidos comunistas.

Los intereses y la fuerza política del movimiento de las juventudes comunistas deben ser alentados eficazmente mediante la íntima colaboración del partido y de la juventud, en todos los niveles, y la participación permanente de las juventudes comunistas en la vida política de los partidos. Este apoyo, este sostén, es indispensable para los partidos comunistas en su lucha y en su obra de realización de las resoluciones de la Internacional Comunista.

También son la base de un verdadero movimiento de las juventudes comunistas. Los partidos comunistas deben ayudar a las juventudes comunistas desde el punto de vista de la organización. Deben designar a un cierto número de sus afiliados, elegidos entre los más jóvenes, para colaborar en la obra de las juventudes comunistas y crear organizaciones de las juventudes en los lugares donde el partido ya posea las suyas. Dado que las juventudes comunistas tienen ahora por tarea la concentración de su actividad en las masas de la juventud obrera, los partidos comunistas deberán intensificar sobre todo la creación y el trabajo de las juventudes comunistas (núcleos y

fracciones) en las empresas y los sindicatos. Los partidos y la juventud deberán tener representación recíproca en todos los organismos respectivos (células, grupos locales, direcciones regionales, comités centrales, congresos, fracciones, etc.).

Las juventudes comunistas deberán enraizarse en las masas de la juventud obrera intensificando su propaganda económica, ocupándose continuamente, de manera concreta, de la vida y los problemas que interesan a los jóvenes obreros, representando continuamente sus intereses y dirigiendo a la juventud en la lucha común que debe mantener junto a la clase obrera adulta. Por eso los partidos comunistas deben apoyar activamente el trabajo económico de las juventudes comunistas en las células y fracciones, en los talleres, en las escuelas y sobre todo en los sindicatos, donde es necesario entablar la colaboración más estrecha entre miembros de las juventudes comunistas y de los partidos comunistas. En esas organizaciones, la tarea de los afiliados del partido consiste, sobre todo, en procurar que los obreros adolescentes y los aprendices entren en los sindicatos obreros y controlar que gocen allí de los mismos derechos que los demás miembros. Deben insistir para que las cotizaciones de los jóvenes sean proporcionales a sus salarios y para que sus reivindicaciones sean consideradas en la lucha sindical y durante la negociación de los contratos colectivos, etc. Los partidos comunistas alentarán, además, el trabajo económico sindical de las juventudes comunistas apoyando activamente todas las campañas, retomando sus reivindicaciones, convirtiéndolas en el objetivo de su lucha cotidiana.

Considerando la agudización del peligro de guerra imperialista y el fortalecimiento de la reacción, los partidos comunistas deberán apoyar, el máximo posible, y dirigir prácticamente la lucha antimilitarista de las juventudes comunistas. Las juventudes comunistas serán los combatientes más ardientes del partido para defender a la clase obrera contra la reacción.

La obra de educación comunista adquiere gran importancia debido a la reorganización de las juventudes comunistas en grandes organizaciones de masas. En efecto, la educación y la formación comunistas de las juventudes comunistas devienen particularmente necesarias para la conquista de las masas. La obra de educación de las juventudes comunistas requiere una organización especial y autónoma y debe ser realizada metódicamente. El partido debe apoyar esta obra proporcionándoles a las juventudes comunistas las fuerzas culturales y los materiales necesarios abundantemente, ayudando a la organización de sus escuelas y cursos, reservando a los jóvenes lugares en las escuelas del partido, publicando en esas escuelas materiales destinados a la juventud.

El congreso considera indispensable que, en su prensa, el partido apoye en mayor medida de lo que lo ha hecho hasta el momento, la lucha de las juventudes comunistas. Al efecto, publicará regularmente crónicas y suplementos especialmente destinados a la juventud y en todos sus materiales nunca dejará de hacer referencia a las condiciones de vida y a la lucha de las jóvenes obreros. 

El mundo burgués que se enfrenta con la conciencia de la clase obrera adulta y la resistencia de la juventud obrera revolucionaria, se esfuerza sobre todo en envenenar a los hijos de la clase obrera y sustraerlos de la influencia proletaria. Por eso la organización y el desarrollo de los grupos de niños comunistas tienen una gran importancia. Desde el punto de vista organizativo, esos grupos estarán subordinados a la juventud y dirigidos por ella. El partido apoyará esta obra proporcionando fuerzas y participando en la dirección de los grupos de niños.

La prensa de los niños comunistas, cuya creación ya fue emprendida por las juventudes comunistas de diversos países, deberá ser apoyada por el partido. En los países donde la reacción obliga al movimiento comunista a mantenerse en la ilegalidad, es indispensable una colaboración particularmente íntima entre las juventudes comunistas y los partidos.

Al destacar la importancia particular de la obra comunista tendente a la conquista de las masas de la juventud obrera, el IV Congreso de la Internacional Comunista señala la importancia particular que adquiere actualmente la Internacional de las Juventudes Comunistas, saluda en esta última al combatiente más ardiente de la causa de la Internacional Comunista y considera a las juventudes comunistas como la reserva del futuro.


[1]  https://www.elplural.com/sociedad/natalidad-espana-cifras-nacimientos-fallecimientos-ine-posguerra_207875102
[2] Véase la sección II de este apartado: La IC en España: los orígenes del PCE, 1919-1922.