Haití, un pueblo que lucha por tomar las riendas de su destino

El ciclo constante de manifestaciones en contra del gobierno haitiano y de sus medidas de austeridad se ha intensificado en los últimos años, más de 5.5 millones de ciudadanos se han movilizado desde julio de 2018 cuando se declaró una huelga general en rechazo al anuncio del gobierno de incrementar los precios de los combustibles. Con el empeoramiento de la crisis los manifestantes exigen la dimisión del presidente Jovenel Möise, la formación de un gobierno de transición, la aprobación de una nueva constitución y sobre todo el fin de la crisis energética que afecta como siempre a los más desposeídos.

Una lucha que data desde el siglo XIX

Haití tiene una importancia política e histórica. En 1,791 los nativos junto a los esclavos traídos de áfrica se sublevaron en Haití contra la ocupación francesa logrando en 1,804 ser la primera república libre del continente americano. Sin embargo esa independencia fue sustituida por una considerable deuda que les fue impuesta por el imperio francés en 1825 y por un aislamiento severo del resto de colonias o países, que duró más de un siglo. A eso se le agrega la invasión estadounidense de 1915 a 1934 para hacerse con el control del poder económico y político del país y que más adelante permitiría la dictadura de Francois y Jean-Claude Duvalier en la segunda mitad del siglo XX y posteriormente la ocupación por parte de las fuerzas de las Naciones Unidas.

Con el derrocamiento de la dictadura de los Duvalier en 1986, los progresistas creyeron que sería posible la transformación del país, de un sistema de cleptocracia represiva y depredadora a un estado de derecho y desarrollo. Se aprobó una nueva constitución en un referéndum en 1987 y se instituyó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sin embargo las primeras elecciones libres en ese año fueron fuertemente reprimidas con un baño de sangre respaldado por los halcones del Departamento de Estado de los EE.UU remitiendo nuevamente a los métodos de la dictadura. Algo similar sucedió con el primer triunfo electoral del sacerdote radical Jean-Bertrand Aristide en 1990, los militares tomaron el poder y la dictadura permanecía vigente por otros medios.

Las condiciones deplorables de la mayor parte de la población por un lado se mantuvieron sin presentar mejora alguna, mientras que por otra parte una pequeña minoría multiplicaba su riqueza a través de negocios privados y puestos en el gobierno. La sustitución de la producción local (sobre todo la agrícola) por las importaciones acentuó aún más la dependencia de Haití de los países dominantes y de la “ayuda” internacional.

Desde el derrocamiento de los Duvalier los injerencistas extranjeros han estado buscando imponer un gobierno estable en Haití que proteja sus inversiones en ese país, sin embargo esa es una tarea difícil de lograr debido a las tradiciones revolucionarias del pueblo haitiano, la burguesía es considerablemente débil, incompetente y parasitaria que se sostiene sólo gracias al apoyo de sus amos imperialistas. Por lo cual el enfrentamiento de la población contra la burguesía nacional y contra los ladrones extranjeros ha sido una constante en las últimas décadas. Cabe recordar que el alzamiento popular contra la dictadura Duvalier inspiró el cacerolazo venezolano de 1989 y la revolución bolivariana liderada por Hugo Chávez en Venezuela. Lo anterior explica que en Haití se hayan sucedido ocho golpes de estado y 8 ocupaciones extranjeras incluyendo las fuerzas de la ONU que aún hoy en día continúan controlando al pueblo haitiano.

Esos niveles obscenos de desigualdad han hecho de Haití el país más vulnerable del hemisferio occidental, golpeado en 2,010 por un fuerte terremoto que destruyó gran parte del país y que dejó un saldo de más de 300,000 muertos y 1.5 millones de desplazados por la destrucción, en 2016 el paso del huracán Mathew terminó con la vida de más de 500 personas y más de 1 millón quedaron  afectadas sin refugio, han pasado diez años desde el terremoto y cuatro desde el huracán y a pesar de los miles de millones gastados en asistencia humanitaria por parte de la comunidad internacional todavía hay miles de haitianos que viven en refugios temporales.

La ONU, la comunidad internacional y la asistencia humanitaria.

Con el pretexto de mantener la paz después del conflicto armado que obligó a Aristide en 2004 a renunciar por segunda vez a la presidencia, se estableció la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (MINUSTAH) un cuerpo de seguridad internacional compuesto por 7,000 efectivos militares de países de todo el mundo, incluyendo de El Salvador.

Si Lenin decía que el Estado es un cuerpo de hombres armados defendiendo el capital de una minoría, en Haití los militares enviados por la ONU han sido los cuilios internacionales que resguardan los negocios de los capitalistas extranjeros y nacionales. Mientras permanecieron “velando por la paz” estos famosos cascos azules causaron sendos estragos en la población, veamos:  según un estudio realizado por investigadoras de la universidad de Birmingham publicado el año pasado, 2000 mujeres haitianas, incluyendo niñas de 11 años fueron abusadas sexualmente, muchas de ellas embarazadas y abandonadas por estos valientes militares aprovechándose de las condiciones de miseria de dichas mujeres. Estos soldados extranjeros también son los responsables de la importación de la cepa del vibrio cholerae desde Nepal desencadenando una epidemia de cólera en Haití que se cobró la vida de 9,792 personas. Eso sin mencionar las masacres que efectuaron durante la ocupación que aparentemente terminó en 2,017 pero que fue continuada por el MINUJUSTH y más recientemente por el BITUH.

La comunidad internacional, contraria a su discurso oficial de contribuir al desarrollo de Haití es uno de los principales factores que agrava la miseria con el manejo de la asistencia humanitaria; todos los miles de millones de dólares anunciados en cada emergencia para la asistencia y/o reconstrucción son otorgados a agencias internacionales que contratan gente inexperta y así las condiciones de pobreza y vulnerabilidad de la población sólo se agudizan.

La lucha actual

Jovenel Möise conocido como “el rey del plátano”, es un exportador de banano, paladín del libre comercio y agente de los imperialistas, que fue elegido presidente en 2016 por apenas un 11 % de la población en una votación que se tuvo que repetir por las evidencias de fraude generalizado, sin embargo, los observadores extranjeros respaldaron la victoria de Möise en ambas elecciones ya que él se había convertido en su caballito de batalla. Una de las primeras medidas de Möise como presidente fue firmar un préstamo con el Fondo Monetario Internacional por $ 96 millones a cambio de la privatización de la energía y la posterior eliminación de los subsidios al combustible y la electricidad.

En el 2018 mientras la población veía el Mundial de Futbol, el gobierno anunció los recortes de los subsidios al combustible, esa fue la chispa que encendió la ira de las masas que se extendió rápidamente hasta paralizar el país haciendo retroceder al gobierno cuyo primer ministro Jack Guy Lafontanty tuvo que dimitir y Möise se vio forzado a suspender los recortes.

Otra de las causas detonantes de la crisis actual es el develamiento de la malversación de alrededor de $ 2 mil millones del Estado provenientes del acuerdo de cooperación energética con Petrocaribe por parte de funcionarios del expresidente Martelly que incluye al mismo presidente Möise, para quienes se exige su enjuiciamiento por desfalco al Estado. Es decir mientras Haití recibía petróleo a un costo preferencial por parte de Venezuela y se ahorraba $ 2 mil millones, ese mismo dinero era repartido entre la clase dirigente a través de artificios burocráticos.

Lo anterior está relacionado con la crisis energética que se traduce en la escasez de combustibles, en gran parte debido a la salida de Haití de Petrocaribe y de su actual alineación con Estados Unidos y sus sanciones a Venezuela. Haití ya no puede comprarle petróleo barato al país sudamericano y tampoco tiene fondos para comprar a los demás países petroleros. Con esto los precios están al alza, se incrementa el contrabando, se paraliza la economía, etc.

Contra la perpetuación de todas esas medidas antinacionales (con la complicidad de una clase dirigente, que no dirige nada, sino que sólo sigue directrices del exterior), el pueblo haitiano se ha alzado en insurrección popular permanente, no sólo exigiendo la dimisión del presidente Möise y su gabinete sino que también demandando un cambio de sistema económico y político, chavire chodye a (darle vuelta a todo) es una muestra de las consignas de las manifestaciones. El movimiento de jóvenes Petrochallengers ha convocado exitosamente marchas multitudinarias desde septiembre pasado, que se han unido a las movilizaciones de las demás organizaciones populares y partidos políticos de la oposición como el Movimiento Democrático Popular (MDP) que ha desplegado la operación Peyi Lok(país bloqueado) que ha paralizado el tránsito de bienes y personas entre provincias.

La respuesta inicial del gobierno ante la crisis fue el silencio y la falta de pronunciamiento frente al caos que se desató en el país, luego de un mes comenzó a convocar reuniones de diálogo con la oposición, las cuales fracasaron debido al descrédito del gobierno, posteriormente se ha desatado la represión de los cuerpos de seguridad contra los manifestantes y la propagación de grupos paramilitares auspiciados por funcionarios nacionales y extranjeros, dejando como resultado no menos de 77 muertos en el 2,018.

La permanencia de Möise en el poder sólo se explica a partir de un acuerdo establecido con Donald Trump y su política anti-Venezuela, además del apoyo del Core Group formado por diplomáticos de países con intereses en el país del Caribe. Por lo cual parte de las demandas del movimiento es el cese de la injerencia extranjera de los capitalistas en Haití.

La solución de la crisis generalizada sólo está en las manos del pueblo haitiano, las masas deben fortalecer su nivel de organización popular en las ciudades y en el campo para hacer frente a la miseria del sistema capitalista imperante, mantener las movilizaciones y declarar la huelga general indefinida hasta derrocar a Möise, expulsar a los agentes de las naciones imperialistas y crear un gobierno del pueblo para enfrentar de pie los problemas que arrastra desde hace siglos.