Cómo los comunistas gastarían el billón de dólares de Elon Musk

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La salida a bolsa (OPV) de SpaceX por un breve periodo catapultó a su director ejecutivo, Elon Musk, al estatus de primer «billonario» de la historia. Toda una hazaña para un hombre que dedica más tiempo a incitar a disturbios de extrema derecha y a compartir memes que a dirigir realmente su empresa. Este hito nos lleva a plantearnos la siguiente pregunta: ¿qué uso podría hacer una sociedad racional de tal riqueza?

Los aduladores de la derecha no tardaron en alabar a Musk por convertirse en el primer hombre en entrar en el «club de los cuatro comas». El fanfarrón de los medios británicos, Piers Morgan, publicó el siguiente mensaje de felicitación en X (una red social propiedad de Musk):

«En medio de toda la previsible envidia y el amargo resentimiento que despierta esta noticia, me gustaría felicitar a (@elonmusk) por un logro asombroso. Lo ha conseguido por ser el genio empresarial más motivado, creativo, trabajador y ambicioso de la historia. ¡Salud, Elon!»

Si nuestros lectores pueden evitar las náuseas por un momento, seguramente reconocerán este argumento. Cuando los simples mortales se oponen a la obscena riqueza de mega-capitalistas como Musk, sus defensores nos acusan de estar verdes de envidia ante el éxito de personas con talento que se han ganado su dinero a base de trabajo duro e ingenio.

Como respuesta, proponemos un sencillo ejercicio de matemáticas. La mediana del patrimonio neto de un ciudadano medio estadounidense es hoy de 124.041 dólares. Ahora bien, esto puede parecer una cantidad considerable de dinero. Es aproximadamente ocho millones de veces menos que un billón de dólares.

Así pues, siguiendo la lógica de Morgan, o bien debemos suponer que Musk se ha esforzado literalmente millones de veces más que el trabajador estadounidense promedio, o bien es millones de veces más talentoso e inteligente. Lo cual, sus absurdas declaraciones públicas, nos dan motivos para dudar.

Un billón de dólares es una cifra incomprensible para la mayoría de la gente. Así que intentemos visualizarla. Si Elon Musk fuera a convertir su patrimonio neto en billetes de un dólar y los apilara uno encima de otro, alcanzarían una altura de casi 68.000 millas, lo que supone más de una cuarta parte de la distancia entre la Tierra y la Luna. Por su parte, su empresa SpaceX ha logrado hasta ahora lanzar un cohete a una distancia máxima de 870 millas.

Es decir, se adentraría en el espacio en órdenes de magnitud más allá simplemente sentándose sobre su fortuna terrenal que subiéndose a una de sus naves espaciales.

Ponerle un precio a la prosperidad

Quizá una pregunta mejor que «¿cómo es un billón de dólares?» sea «¿qué se podría hacer con él: aquí y ahora?». El académico Rowan Hooper ha hecho algunos cálculos en su libro, How to Spend a Trillion Dollars [Cómo gastar un billón de dólares], publicado en 2021 en pleno apogeo de la pandemia de COVID-19.

Durante esa crisis, ante la alternativa de un colapso social total, los capitalistas abrieron sus carteras. Los mismos gobiernos que llevaban una década aplicando medidas de austeridad, al tiempo que insistían en que «no había dinero» para los servicios sociales, lograron reunir enormes sumas de dinero para financiar el desarrollo y la distribución de vacunas en un tiempo récord.

También evitaron que miles de empresas quebraran e impidieron que millones de trabajadores se vieran abocados al desempleo mediante medidas de estímulo y planes de regulación temporal de empleo. No hay nada gratis, y este derroche de gasto contribuyó a provocar la crisis inflacionaria que estamos viviendo actualmente. Pero la cuestión es que existen enormes recursos en la sociedad que podrían aprovecharse de inmediato.

Hooper plantea un escenario hipotético en el que disponemos de un billón de dólares para destinar a resolver los problemas más acuciantes de la humanidad. Para elaborar un balance preciso, analiza tecnologías y programas sociales que ya existen, se han probado o se encuentran actualmente en fase de desarrollo.

Su libro dista mucho de ser un programa definitivo para una futura sociedad socialista, pero algunas de sus propuestas dan que pensar —¡y muchas resultan sorprendentemente baratas!

Por ejemplo, calcula que el coste de acabar con la pobreza extrema mediante la transferencia inmediata de dinero en efectivo y activos (como ganado, herramientas y maquinaria) ascendería a 400.000 millones de dólares. Si a ello se suman los 600.000 millones de dólares necesarios para implantar la educación universal, sugiere invertir el billón en un «período de diez años en el que todo el mundo salga de la pobreza».

¿Y qué hay de la cura de las enfermedades? Como punto de partida, Hooper estima que la investigación, el desarrollo y la distribución de tratamientos y medidas preventivas contra el VIH, la malaria y la tuberculosis podrían ascender a la cifra muy razonable de 150.000 millones de dólares. A modo de segunda opinión, la ONU calcula que el coste de erradicar solo la tuberculosis asciende a 250 000 millones de dólares. ¡Un objetivo más modesto que, no obstante, salvaría 1,5 millones de vidas al año, y que sigue estando perfectamente dentro de nuestro presupuesto!

Las medidas para prepararnos para el futuro, como el desarrollo de vacunas y un programa ampliado de inmunización contra enfermedades emergentes, suponen una inversión de 100.000 millones de dólares. Por su parte, cartografiar todos los tipos de células del cuerpo humano y reparar las células dañadas para prolongar la esperanza de vida saludable supone un gasto de algo más de 200 000 millones de dólares.

Reconoce que la sanidad gratuita y universal para toda la humanidad queda fuera de nuestro presupuesto hipotético. En su lugar, propone una prueba piloto en un único país con malos resultados sanitarios, que sirva de modelo: Etiopía. Sugiere que el éxito de este proyecto piloto bastaría para convencer a otros países de que inviertan en medidas similares.

En definitiva, el coste de erradicar algunas de las enfermedades más mortíferas de la humanidad y aumentar la esperanza de vida media mundial en una década, además de implantar la sanidad universal en Etiopía, ¡nos deja 140.000 millones de dólares de sobra de nuestro fondo de guerra de un billón de dólares!

¿Y si diéramos prioridad a acabar con la crisis climática? Este es uno de los proyectos más ambiciosos que plantea el libro de Hooper.

Calcula que con un billón de dólares se podría lograr prácticamente la transición completa a las energías renovables. Fomentar la biodiversidad y revertir las extinciones masivas atribuibles a la actividad humana supondría unos 860.000 millones de dólares. Por su parte, eliminar el exceso de CO₂ de la atmósfera mediante una combinación de inversión a largo plazo en tecnologías de captura de carbono, reforestación e ingeniería oceánica ascendería a poco menos de 750 000 millones de dólares.

Así pues, por desgracia, aunque pudiéramos enviar a tres fantasmas para convencer a Elon Musk de que donara toda su fortuna en beneficio de la humanidad, ni siquiera seríamos capaces de revertir por completo el daño que el capitalismo ha infligido al planeta. Por no hablar de resolver todos los males que nos acosan.

¿Pero cuál es la buena noticia? El patrimonio neto de Musk ni siquiera alcanza el uno por ciento de la riqueza total del planeta. Para finales de 2026, se prevé que el PIB mundial alcance los 126 billones de dólares. Esto significa que la humanidad ha resuelto, al menos en lo material, el «problema del pan». Por primera vez en la historia, existen recursos suficientes para vestir, alojar, alimentar y educar a cada persona del planeta.

Y, como señala Hooper, los beneficios de lograrlo no serían meramente aritméticos. Cuando las personas están educadas, sanas y cuentan con una vivienda segura, se vuelven mucho más productivas y son capaces de contribuir mucho más a la sociedad en su conjunto. La carga de los problemas sociales como la delincuencia, las enfermedades y la migración forzosa también disminuye rápidamente, lo que significa que hay que dedicar menos recursos a tratar estos síntomas.

En otras palabras, si pudiéramos garantizar una existencia digna y civilizada a los miles de millones de personas que actualmente viven en un estado de atraso, liberaríamos un universo de potencial que ahora mismo se ve aplastado por la pobreza. Seríamos capaces de elevar las aspiraciones culturales de la humanidad a niveles inimaginables. Lo que nos lleva a preguntarnos: si Elon Musk puede «ganar» un billón de dólares, ¿por qué no podemos resolver estos problemas?

Pobreza en medio de la abundancia

La respuesta es que no controlamos colectivamente los recursos de la sociedad. En cambio, están controlados por una minúscula camarilla de parásitos ricos. Las doce personas más ricas del mundo poseen más riqueza que la mitad más pobre de la humanidad junta. Esta docena de individuos tiene entre todos el dinero suficiente para resolver todos los problemas que Hooper analiza en su libro.

El problema fundamental es que el capitalismo es un sistema basado en la propiedad privada de los medios de producción (industria, maquinaria y materias primas) y en la inversión de capital para generar beneficios. No se obtienen beneficios construyendo hospitales en Etiopía ni invirtiendo en investigación que pueda o no dar lugar a una nueva vacuna. Y nadie puede obligar a los capitalistas a «malgastar» su dinero.

De hecho, existe una enorme fuga de riqueza de los países más pobres hacia los imperialistas en forma de la denominada deuda del Tercer Mundo. Esto, unido al saqueo directo de los recursos, mantiene a docenas de países pobres en un estado de atraso, incapaces de desarrollar la infraestructura necesaria para satisfacer las necesidades básicas de la población.

Mientras tanto, los capitalistas gastan mucho más que el patrimonio neto de un billón de dólares de Musk en arsenales para defender «sus» mercados y esferas de interés, sembrando la destrucción y la muerte entre innumerables personas inocentes. Musk está personalmente involucrado en esta orgía de militarismo, ya que cuenta con contratos militares por valor de miles de millones de dólares a través de SpaceX.

La razón por la que tanta gente reacciona con repulsa ante la fortuna de Musk no tiene nada que ver con la envidia. Les repugna, con toda razón, que existan «trillonarios» al lado de niveles récord de hambre, guerras aparentemente interminables y condiciones de miseria para millones de personas.

También comprenden instintivamente que nadie acumula un billón de dólares sin exprimir hasta la última gota a los trabajadores. Este sentimiento se ve reforzado por el hecho de que las masas se sienten cada día más pobres, mientras que los ricos hacen alarde de sus miles de millones (o, de hecho, billones).

La desigualdad es una característica del capitalismo. En el primer volumen de El capital, Karl Marx describe la acumulación de riqueza en un polo de la sociedad como «al mismo tiempo, acumulación de miseria, agonía del trabajo, esclavitud, ignorancia, brutalidad y degradación mental en el polo opuesto». Pero hoy en día, esta dinámica ha alcanzado proporciones verdaderamente escandalosas.

Desde el 2020, la riqueza de los multimillonarios ha crecido un 81 %. Mientras tanto, el poder adquisitivo de la clase trabajadora se ha visto mermado por la inflación en todo el mundo, y la pobreza se está acelerando en los países más pobres. En otras palabras, se ha producido una enorme transferencia de riqueza hacia arriba.

Elon Musk encarna la decadencia senil del capitalismo actual. Hizo fortuna al frente de una empresa que fue un negocio en pérdidas durante años, sostenida por las ayudas del Estado estadounidense. Ha amasado una riqueza inconmensurable que podría suponer una transformación para millones de personas. Sin embargo, se pasa los días compartiendo «chistes» dolorosamente poco graciosos con una audiencia de bots y aduladores; y sembrando el miedo sobre los migrantes que socavan la «civilización occidental», al tiempo que fomenta pogromos racistas en algunas de las comunidades más desfavorecidas de Europa Occidental.

Que un hombre así «valga» un billón de dólares es una acusación demoledora contra un sistema cuyo derrocamiento debería haberse producido hace mucho tiempo. Pero los comunistas no queremos expropiar únicamente las ganancias mal habidas de Musk. Vamos a por todos los multimillonarios: esos asiduos viajeros a la isla de Epstein, que se han enriquecido a costa de la sangre y el sudor del proletariado.

Una limitación del libro de Hooper es que se limita a resolver problemas dentro del capitalismo. Pero si los recursos de los multimillonarios se pusieran al servicio de una economía planificada democráticamente, aumentaríamos enormemente el nivel general de producción, dando acceso a muchos más recursos de los que existen actualmente.

La expropiación de chupasangres como Musk no sería más que el principio. No obstante, con sus billones, podríamos cambiar para mejor las vidas de miles de millones de personas.

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