Llegó la hora de rodear el Congreso, derrotar la reforma y poner contra las cuerdas al gobierno.
La libertad es una gran palabra, pero bajo la bandera de la libertad de industria se han hecho las guerras más expoliadoras y bajo la bandera de la libertad de trabajo se ha despojado a los trabajadores.
(Lenin, ¿Qué hacer?)
En primer lugar, para tener una visión más amplia sobre la reforma laboral, queremos invitar a leer nuestro artículo anterior La reforma laboral de Milei, ¿cómo tenemos que prepararnos para enfrentarla y derrotarla?.
Cuando publicamos este artículo la situación todavía era confusa y nadie se atrevía a decir las cosas por su nombre. Hoy, en los primeros días de febrero, ya se conoce toda la letra chica del intento de destrucción de la legislación laboral argentina que impulsan los capitalistas detrás de Milei.
Durante el último mes presenciamos extensos debates televisivos sobre la pretendida y mamarrachesca reforma laboral. Seamos sinceros, en muchos casos esos debates resultan tediosos, especialmente cuando los panelistas no exponen argumentos claros y todo se reduce al griterío. La ignorancia se disfraza con ropaje elegante y pretende hacernos creer que la ropa cara vuelve sofisticado cualquier discurso. Muchas veces estos programas se parecen más a los chimentos de la tarde que a un debate político serio.
Atravesando ese ruido mediático, logramos sacar una conclusión clara. Esta reforma laboral es extremadamente agresiva. Ataca derechos laborales ya deteriorados y, de aprobarse, dejaría a los trabajadores en relación de dependencia casi sin protección legal. Ese “casi” solo existe por la Constitución Nacional y el artículo 14 bis, que quedarían como última defensa jurídica. En el marco de una justicia de clase que siempre inclina la balanza para los de arriba. Todo esto se intenta imponer en un contexto de salarios pulverizados, pérdida constante del poder adquisitivo, crecimiento de la precarización y aumento de los despidos, donde millones de trabajadores ya no llegan a fin de mes.
Con argumentos pueriles, los representantes políticos de la clase dominante intentan convencer a los trabajadores de que serían beneficiados por la reforma. Nada más absurdo y nada más ofensivo que tratar a los trabajadores como niños. Incluso el más distraído ya comprendió que esta reforma busca despedir sin indemnización y profundizar la explotación. No pagar horas extras, recortar vacaciones, eliminar el aguinaldo. En definitiva, avanzar en una mayor explotación laboral.
En una entrevista con La Nación, el secretario de Trabajo expone con claridad el absurdo de esta reforma. Tomamos un fragmento como ejemplo:
“Uno de los puntos que mayor interés despierta es la modificación en el esquema de vacaciones. Consultado por las nuevas reglas para el descanso anual que contempla la normativa, explicó: ‘La reforma laboral prevé las vacaciones exactamente igual que como estaban, lo único que permite al trabajador, en conjunto con el empleador, sin que se lo sancione, es que se podrán partir las vacaciones. Hoy el Estado se mete en la propia voluntad del trabajador. Lo que se busca es volver a darle una potestad al trabajador de decidir sobre su propia vida’”.
El planteo es ridículo. Entre el trabajador individual y el patrón existe una relación profundamente desigual. En los hechos, si se aprueba la reforma, la decisión sobre las vacaciones quedará en manos de la patronal.
El diario El Día de la ciudad de La Plata, el primero de febrero, señala lo siguiente:
“El peronismo enfrenta divisiones internas por la estrategia legislativa y ya prepara el terreno para impugnar la norma en la Justicia por supuesta inconstitucionalidad”.
El peronismo asume de antemano que perderá el debate parlamentario y que parte de sus propios legisladores votarán a favor de la reforma.
Continúa el Diario El Dia:
“Ante la posibilidad concreta de una aprobación, el peronismo ya anticipa que recurrirá a la Justicia. La estrategia replica el antecedente del DNU 70, cuyo capítulo laboral fue suspendido por inconstitucional. En este caso, el argumento será distinto: sostendrán que la ley vulnera el artículo 14 bis de la Constitución y viola el principio de no regresividad de los derechos laborales”.
Esta estrategia parlamentaria y judicial no puede analizarse de manera aislada del entramado político que rodea a la reforma. La ofensiva contra los derechos laborales no es solo una iniciativa del gobierno nacional. Milei busca sostener esta reforma apoyándose en acuerdos con los gobernadores y en la pasividad cómplice de la conducción de la CGT. Muchos de esos gobernadores, incluso los que se presentan como opositores, aplican en sus provincias políticas de ajuste y precarización similares a las que hoy se intentan imponer a nivel nacional. La burocracia sindical vuelve a cumplir un rol de contención, priorizando la negociación y la preservación de sus propios intereses antes que la organización y la lucha consecuente de los trabajadores. Esto se expresa de manera concreta en la política de la CGT, que frente a un ataque de esta magnitud evitó convocar a un paro nacional y se limitó a una movilización con “libertad de acción”, dejando librada la respuesta a cada gremio y desarmando una reacción unificada.
En este marco, los libertarios y sus aliados avanzan con claridad. Frente a eso, el peronismo presentó un proyecto “alternativo” que no apunta a frenar la reforma, sino a canalizar el descontento por la vía institucional, desviando la bronca social de la movilización y la huelga general hacia la negociación y la espera. De este modo, lejos de enfrentar la ofensiva contra los trabajadores, termina funcionando como un mecanismo de contención que preserva el terreno sobre el cual el gobierno intenta imponer su reforma.
No hay más nada que discutir. Se terminó el tiempo de las palabras, de las formalidades y del circo parlamentario. Esta gente solo entiende un lenguaje, la calle. Paros, movilizaciones y lucha directa. El día que se trate la reforma laboral tenemos que estar todos los trabajadores, con o sin organización gremial, en la puerta del Congreso, para que los políticos sientan en la nuca el murmullo de la multitud.
Decimos con o sin organización gremial porque una parte de la burocracia sindical sigue apostando a un diálogo que ya demostró ser un diálogo de sordos. Otro sector ensaya una pose más “combativa”, pero sin ir más allá de la defensa de sus propias posiciones y aparatos.
Los trabajadores debemos llevar este debate a los lugares de trabajo. Cuando hablamos de trabajadores incluimos a la educación, a los estudiantes y a la juventud trabajadora que hoy ingresa al mercado laboral bajo formas cada vez más precarias, al comercio, a la industria, a los trabajadores de aplicaciones, a todos los que vivimos de un salario y vendemos nuestra fuerza de trabajo.
Donde no exista representación sindical o donde los delegados no actúen, tenemos que organizarnos por nuestra cuenta. Contamos con métodos históricos, asambleas autoconvocadas y comisiones gremiales. Esta reforma laboral puede convertirse en un triunfo del gobierno o en una oportunidad para debilitarlo y ponerlo contra las cuerdas.
Esto afirmamos en nuestro artículo anterior y hoy es aún más válido:
“Si logramos vencer al gobierno y a los capitalistas en este nuevo intento de flexibilización laboral estaríamos logrando volcar la correlación de fuerzas más a nuestro favor. Y eso nos traería la posibilidad cierta y concreta de derrotar al gobierno en la calle. Esa es la tarea, derrotar al gobierno en la calle”.
La izquierda, y en particular el FITU, debería impulsar desde las bases un curso de lucha que se imponga incluso sobre las direcciones burocráticas, bajo la bandera de la independencia de clase, impulsando el debate en los lugares de trabajo. Eso implica no subordinar la intervención política únicamente al calendario ni a las convocatorias de la burocracia sindical, sino organizar desde abajo la fuerza necesaria para imponer paros, movilizaciones y un plan de lucha que conecte con las organizaciones de primer y segundo grado, como las juntas internas y los cuerpos de delegados, vengan de donde vengan y estén dispuestos a luchar a la altura del ataque en curso.
No hay atajos ni salvadores: la fuerza capaz de derrotar esta ofensiva es la acción consciente y organizada de la propia clase trabajadora.
“La emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos”.
Que la reforma laboral sea la tumba del gobierno de Milei, expresión local de la ofensiva reaccionaria impulsada y respaldada por Trump.
¡Por salario igual a la canasta familiar y paritarias sin techo!
¡Por estabilidad laboral, defensa de los convenios colectivos y contra los despidos!
¡Abajo la reforma laboral y todo intento de flexibilización!
¡Por la huelga general y un plan de lucha nacional desde las bases!
¡Ruptura inmediata con el FMI y no pago de la deuda externa!
¡Que se vayan todos!
¡Que gobierne la clase obrera!









