La guerra en el Medio Oriente, desencadenada por el ataque a gran escala de EE.UU. e Israel contra Irán, ha asestado un duro golpe a la economía mundial. Asia, aunque no tiene ninguna responsabilidad en la aventura imprudente de Trump y Netanyahu, se encuentra entre las víctimas más afectadas por las consecuencias económicas. Mientras la guerra se recrudece sin un final a la vista, los trabajadores asiáticos deben estar preparados para resistir cualquier intento de la clase dominante de hacerles pagar la cuenta.
Dependencia y agotamiento
Como continente, Asia depende profundamente del petróleo, el gas natural licuado (GNL) y muchos otros recursos cruciales que pasan por el estrecho de Ormuz. Según The Economist, en 2025 Asia absorbió aproximadamente el 87 por ciento del crudo y el 86 por ciento del GNL que pasó por el estrecho.
Además de las fuentes de energía, Ormuz también es clave para los fertilizantes y los metales destinados a Asia, que afectan a la producción alimentaria e industrial.
Por lo tanto, no es de extrañar que el cierre del estrecho sea como bloquear las arterias de las economías de estos países.
Los países del sur y el sudeste asiático son especialmente vulnerables a la escasez. Un informe del Asia Media Centre indica que Vietnam solo tiene reservas de petróleo estimadas para menos de 20 días. Pakistán e Indonesia mantienen reservas para unos 20 días, mientras que India, Tailandia y Filipinas cuentan con reservas para unos dos meses.
La escasez del GNL también representa una gran amenaza. Singapur, Tailandia y Taiwán enfrentan el mayor riesgo en su capacidad para generar electricidad debido a su gran dependencia del GNL: 94 por ciento para Singapur, 64 por ciento para Tailandia y alrededor del 40 por ciento para Taiwán. Aunque han diversificado sus proveedores, un cierre prolongado del estrecho haría subir enormemente el precio del gas de todas las fuentes.
Incluso para países que han acumulado grandes reservas estratégicas de petróleo crudo o GNL, como Japón, Corea del Sur, Taiwán y Singapur, su profunda dependencia de la importación de estos combustibles los expone al riesgo de estanflación debido al impacto del aumento de los precios de la energía, especialmente si la guerra se prolonga.
La producción de semiconductores en Taiwán y Corea del Sur se ha visto amenazada debido a su dependencia de materias primas como el helio, un tercio del cual es procesado por Catar, y el azufre, un subproducto de las refinerías de petróleo y gas. Esto ha provocado una caída de los precios de las acciones de empresas clave como Samsung y TSMC.
El won coreano y el yen japonés también se han depreciado drásticamente frente al dólar, lo que ha lastrado aún más estas economías ya estancadas.
Las consecuencias para la clase trabajadora
El repentino corte del suministro de petróleo crudo tuvo un impacto inmediato y palpable en la vida de la clase trabajadora, como lo demuestran las colas en las gasolineras de Myanmar, Vietnam, Corea del Sur y otros lugares, justo después de que Trump anunciara la invasión el 28 de febrero. Las colas masivas para conseguir gas de cocina han seguido extendiéndose por toda la India, lo que ha provocado oleadas de cierres de hoteles y restaurantes.
Se ha introducido el racionamiento de combustible en Bangladesh y Sri Lanka, mientras que Nepal y la India han impuesto el racionamiento del gas para cocinar. Bangladesh, Pakistán, Filipinas y Sri Lanka ordenaron a algunos trabajadores del gobierno acortar la semana laboral, sin aclarar si esto afectará su salario. A otros trabajadores estatales en Pakistán, Vietnam, Tailandia y Filipinas se les ha ordenado trabajar desde casa.
Un hombre indio comparó vívidamente esto con el confinamiento por el COVID-19 y su impacto en la gente común. «Al menos en aquel entonces recibíamos comida. El coronavirus, el confinamiento, la desmonetización… parece que somos nosotros los que seguimos sufriendo todo esto», declaró a India Today Digital.
El aumento de los precios del gas en Filipinas también desencadenó al instante una lucha por parte de los trabajadores del transporte. Allí, el salario neto de los conductores de jeepney (pequeños autobuses) se está viendo gravemente mermado por el aumento de los precios del combustible. Su sindicato, el PISTON (Pagkakaisa ng mga Samahan ng Tsuper at Operator Nationwide), se movilizó para una huelga nacional de un día y organizó protestas exigiendo la reversión de los precios del combustible y la derogación de la Ley de Desregulación del Petróleo de 1998.
Estos trabajadores del transporte filipinos dieron un excelente ejemplo a la clase trabajadora de toda la región. A medida que la guerra se prolonga en Oriente Medio, las clases dominantes de Asia intentarán cada vez más trasladar el costo de la crisis a los hombros de la clase trabajadora.
Los trabajadores y los sindicatos deben prepararse de inmediato para luchar contra los intentos de utilizar las medidas de ahorro energético como pretexto para recortar los salarios. El racionamiento debe llevarse a cabo bajo la supervisión de los trabajadores y las comunidades, y los distribuidores privados de energía deben ser nacionalizados para evitar el acaparamiento y la especulación.
China se beneficia de la situación
El único país que está significativamente mejor protegido de esta crisis es China. El Estado del PCCh ha acumulado una importante reserva estratégica de petróleo crudo que puede durar más de 100 días sin importaciones, así como el equivalente a 40 días de GNL.
Aunque el bloqueo del estrecho de Ormuz sigue afectando a China, especialmente debido a la interrupción de las importaciones de GNL de Catar, China cuenta con una fuente de importaciones energéticas mucho más diversa que la mayoría de los demás países asiáticos. El desafío de China a las sanciones occidentales contra Rusia e Irán también significa que, a diferencia de otros países de la región, cuenta con fuentes de energía alternativas. Según se informa, Irán ha permitido el paso de buques chinos por el estrecho, incluso mientras bloqueaba el resto del tráfico marítimo.
Sorprendentemente, ¡los estadounidenses también han permitido el paso de estos buques! Aunque tienen como destino China, los estadounidenses saben que si restringen aún más el suministro de gas y petróleo con destino a cualquier lugar, solo conseguirán que los precios suban aún más. Por lo tanto, Irán puede seguir comerciando con relativa libertad.
En China, el importante papel que desempeña el Estado en la economía también permite que una mayor parte del aumento del costo del combustible sea asumida por el Estado antes de que se traduzca en un aumento repentino e inmanejable del costo de vida. El aumento de los precios de la energía también está aliviando las presiones deflacionarias con las que ha estado luchando la economía china, según el Financial Times.
Todo esto explica por qué, a diferencia del resto de Asia, la economía china ha evitado hasta ahora daños graves. El índice bursátil MSCI China superó al resto de los índices bursátiles mundiales en un 1,4 por ciento tras el inicio de la guerra. A diferencia de lo ocurrido en Corea del Sur o Taiwán, el pánico energético causado por la guerra no provocó una retirada de los inversionistas internacionales de las industrias chinas, que siguen siendo vistas con buenos ojos.
Todo apunta a que, a menos que la guerra se prolongue y cause un daño mucho mayor a la economía capitalista mundial del que ya ha causado, China seguirá en una posición cómoda y podrá sacar provecho de la situación. China puede promocionarse fácilmente como la potencia más «razonable» y «responsable» en la escena mundial en comparación con EE.UU. También puede beneficiarse de contratos de reconstrucción o de mejores acuerdos comerciales con Irán cuando la guerra finalmente termine.
Más importante aún, la posición de China frente a EE.UU. se ha fortalecido. Ahora puede negociar la guerra comercial con Trump desde una posición más sólida. Como explicó el comentarista de Reuters Jamie McGeever, los intentos de EE.UU. de ejercer control sobre zonas de las que China depende para su energía (Venezuela, Irán) tenían en parte la intención de presionarla y debilitarla. Pero señaló que «si esta es la estrategia, podría ser contraproducente si Trump se empantana en la guerra de Irán o si parece estar accediendo a algunas demandas iraníes de reabrir Ormuz». Hasta ahora, este es el caso.
En el ámbito militar, la guerra ha sido un gran regalo para China y Corea del Norte. Trump tuvo que reubicar a 2.500 marines y varios buques de asalto desde Okinawa, Japón, hacia el Medio Oriente. También está retirando varios misiles THAAD y Patriot de Corea del Sur para paliar la escasez de misiles que se utilizarían contra Irán.
Esto pone en duda el valor de EE.UU. como aliado militar y ha dejado preocupados a los círculos militares de Japón, Corea del Sur y Taiwán. Como declaró a Bloomberg el exfuncionario del Ministerio de Defensa japonés Hirohito Ogi: «Eso podría tener un grave impacto en la preparación de la región indopacífica, incluida la defensa de Taiwán».
Pretexto para el militarismo
Hasta ahora, los gobiernos de los países asiáticos han rechazado casi unánimemente la petición de Trump de unirse a la aventura militar para reabrir el estrecho de Ormuz. El gobierno japonés es el único país que está evaluando opciones para un despliegue militar, probablemente como un gesto de buena voluntad antes de la visita a Washington de la primera ministra Sanae Takaichi.
Sin embargo, el redespliegue de activos militares fuera de Asia intensificará el militarismo en la región.
Trump ha estado pidiendo a los gobiernos de Japón, Corea del Sur y Taiwán que aumenten su propio gasto militar y reduzcan la dependencia directa del ejército estadounidense. Además, no hay garantía de que las fuerzas militares estadounidenses que han sido redesplegadas regresen a Asia. Como The Diplomat señaló: «El redespliegue de los sistemas de defensa aérea de Corea del Sur es probablemente una medida temporal, pero también es una señal. El traspaso de la carga está llegando a Asia Oriental, lo quieran o no Tokio, Seúl o Taipéi».
Hasta ahora, todos estos gobiernos están presionando para lograr un aumento significativo del gasto militar.
China, que aumentó su propio presupuesto de defensa este mes, también aprovechó la oportunidad para reafirmar su intención de anexar eventualmente a Taiwán, prometiendo abiertamente seguridad energética a Taiwán si se «reunificara» con China. Corea del Norte también ha llevado a cabo pruebas de misiles con capacidad nuclear en protesta por un ejercicio militar estadounidense anterior y como demostración de fuerza.
Incluso cuando las masas se enfrentan a una presión económica potencialmente catastrófica, la clase dominante siempre antepondrá sus propios intereses.
Los trabajadores de todos los países deben estar preparados para oponerse a cualquier intento de la clase dominante de utilizar la situación como excusa para aumentar el gasto militar a costa de los contribuyentes. Si hay dinero para más bombas y guerra, entonces sin duda hay dinero para libros y atención médica.
Prepárense para la guerra de clases
Al momento de escribir este artículo, Donald Trump todavía parece no tener una salida para retirarse de la guerra, y el Estrecho de Ormuz permanece cerrado. La presión sobre Asia aumentará exponencialmente con cada semana que pase de guerra, y los trabajadores y la juventud deben estar preparados para un choque tremendo.
La repentina explosión de la guerra también ha puesto al descubierto el caos absoluto, la irracionalidad y la podredumbre del imperialismo estadounidense en declive y del sistema capitalista mundial.
También ha puesto al descubierto la naturaleza totalmente obsoleta del sistema de propiedad privada, la motivación por el lucro y el Estado-nación. En un mundo socialista con una asociación fraternal de estados obreros, y fuentes de energía superabundantes, limpias y accesibles para todos, la producción de energía dejaría de ser una herramienta para la especulación o las maniobras geopolíticas.
Sobre una base capitalista, las clases dominantes de Asia harán todo lo posible para que la clase trabajadora pague la cuenta de esta crisis, con el fin de preservarse a sí mismas y sus intereses. No podemos hacernos ilusiones en ningún sentido de «unidad nacional». La clase trabajadora debe estar preparada para la guerra de clases.
- ¡No a la especulación! ¡Nacionalizar las empresas energéticas bajo control obrero!
- ¡Por el control obrero de la distribución de combustible, gas y otros productos de primera necesidad!
- ¡No a los recortes salariales indirectos! ¡Cualquier reducción de la jornada laboral debe traducirse en el reparto del trabajo, sin despidos ni pérdida de salario!
- ¡Abajo el militarismo! ¡Todo el gasto debe destinarse a aliviar la presión económica! ¡Salud, no guerra; libros, no bombas!
- ¡Los capitalistas que iniciaron esta guerra ahora se lucran con nuestra miseria! ¡Abajo el capitalismo!









