Escudo de las Américas: Trump maniobra para recuperar el control de todo el continente

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El 7 de marzo, 12 de los líderes latinoamericanos más reaccionarios se reunieron en el campo de golf de Trump en Doral, Florida, para inaugurar la alianza estratégica «Escudo de las Américas». Esto marca un nuevo capítulo de sumisión nacional y dominación imperialista en el continente.

A la cumbre asistieron los presidentes de Argentina, Ecuador, El Salvador, Costa Rica, Paraguay, República Dominicana, Panamá, Guyana, Honduras, Bolivia, Chile y Trinidad y Tobago: todas figuras de derecha políticamente aliadas con Estados Unidos.

El divagante discurso de apertura de Trump cubrió todo desde Irán, hasta no querer aprender español, pasando por lo hermosa que le parece la presidenta de México. Finalmente, más o menos soltó por qué estaban todos allí: «En este día histórico, nos reunimos para anunciar una nueva coalición militar destinada a erradicar los cárteles criminales que azotan nuestra región. Y ustedes tienen muchos de ellos». En una reunión de la «Conferencia de las Américas contra los Cárteles» celebrada dos días antes, el secretario de Guerra de EEUU Pete Hegseth dijo que el hemisferio debe unirse como «naciones cristianas bajo Dios» contra el «narco-comunismo radical y la narco-tiranía».

Las actividades previstas de este «escudo» fueron rápidamente reveladas por EEUU. Para no presentarse con las manos vacías, los funcionarios estadounidenses difundieron un video de un bombardeo en una aldea rural ecuatoriana apenas unas horas antes de la cumbre. Afirmaron que esto se hizo «a petición de Ecuador», bajo «el liderazgo del presidente Trump y el secretario Hegseth», con «el objetivo de avanzar en nuestro objetivo común de desmantelar las redes narcoterroristas».

Pero no se trataba de un campamento de narcotraficantes ni de guerrilleros. Era una granja lechera.

Los trabajadores contaron a The New York Times que los soldados llegaron el 3 de marzo, los golpearon con sus armas, los amenazaron de muerte y luego echaron gasolina a los edificios y les prendieron fuego. Un helicóptero regresó tres días después y lanzó bombas sobre las ruinas humeantes. Una de las cabañas destruidas se había utilizado para hacer queso. Los restos carbonizados de pollos cubrían el suelo.

El bombardeo de la granja claramente no tuvo nada que ver con la «narco-tiranía». Existe un desastre real y creciente en América Latina debido a la violencia relacionada con las drogas. Ecuador ha pasado de ser uno de los países más seguros de América Latina a uno de los más peligrosos desde la pandemia, debido a su papel en el tráfico de cocaína desde Perú y Colombia. Ahora tiene una tasa de homicidios más alta que Haití. Los cárteles en México desatan a diario la muerte y el terror sobre la población pobre y reclutan a miles de jóvenes desempleados para llevar a cabo sus guerras territoriales. Esta es la crisis que Estados Unidos está tratando de explotar.

Pero no hace falta ser detective para intuir que hay motivos ocultos. Después de todo, fueron las empresas estadounidenses las que provocaron la crisis del fentanilo. Fue Trump quien indultó a Juan Orlando Hernández, el expresidente hondureño, que cumplía una condena de 40 años de prisión en EE. UU. por tráfico de drogas. La familia del presidente ecuatoriano Daniel Noboa, propietaria de Noboa Trading, fue sorprendida contrabandeando cientos de kilogramos de cocaína. El reportero que dio a conocer esta noticia tuvo que huir del país debido a las amenazas de muerte del partido de Noboa.

La guerra contra las drogas es simplemente una cobertura para las acciones imperialistas de EEUU, como lo ha sido durante mucho tiempo. Antes de invadir Venezuela, EEUU declaró que Maduro era el líder del Cartel de los Soles, una afirmación tan ridícula que el Departamento de Justicia de estadounidense tuvo que admitir que no existía. Por supuesto, lo admitieron después de que Maduro fuera secuestrado.

¿Cómo se utilizará el Escudo?

La Cumbre del 7 de marzo fue, como era de esperar, escasa en detalles. Tras posar para las fotos, los países miembros firmaron un acuerdo en el que afirmaban que: 1) «Ampliarán la cooperación multilateral y bilateral para mejorar la seguridad»; 2) «Cooperarán en iniciativas relacionadas con la “seguridad fronteriza, la lucha contra el narcoterrorismo y el tráfico ilícito, la protección de infraestructuras críticas y otras áreas que se determinen de mutuo acuerdo”»; 3) «impulsarán la paz a través de la fuerza»; y 4) «se unirán a una coalición para combatir el narcoterrorismo y otras amenazas comunes para el hemisferio occidental».

¡Eso fue todo! De hecho, América Latina está plagada de grupos como este que pretenden hacer cosas similares (UNASUR, ALBA, CELAC, OEA), todos los cuales han dejado de existir o son zombis que se arrastran.

Pero lo que diferencia entre el Escudo de las Americas y este cementerio de acuerdos es que es la encarnación directa y viva de la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump, y está formalizando una relación que ya existe sobre el terreno.

En lo que respecta a los estadounidenses, todo el continente —el Norte y el Sur— les pertenece. «El presidente Trump ha trazado un nuevo mapa estratégico», dijo Pete Hegseth en una reunión del SOUTHCOM (Comando Sur de EEUU) el domingo pasado:

«En el Departamento de Guerra, llamamos a este mapa estratégico “Gran América del Norte”. ¿Por qué? Porque todas las naciones y territorios soberanos al norte del ecuador, desde Groenlandia hasta Ecuador y desde Alaska hasta Guyana, no forman parte del “Sur Global”. Es nuestro perímetro de seguridad inmediato en este gran vecindario en el que todos vivimos».

En la cumbre, la recién nombrada enviada especial para el Escudo de las Américas, Kristi Noem, dijo:

«También vamos a mantener a raya a nuestros adversarios. A aquellos adversarios que desean cambiar nuestra forma de vida y nuestros valores y que se encuentran fuera de nuestro hemisferio, queremos asegurarnos de que seguimos manteniéndolos fuera de nuestro hemisferio y centrarnos en construir alianzas entre nosotros y nuestras fortalezas».

Esto se hace eco de la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump. Reconociendo el relativo declive del imperialismo estadounidense, habla de reorientar a Estados Unidos hacia sus intereses imperialistas fundamentales y sus esferas de influencia:

«Negaremos a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro hemisferio».

La principal nación «no hemisférica» que influye en América Latina es China, que se ha convertido en el mayor socio comercial de Sudamérica. China compra materias primas latinoamericanas, exporta productos manufacturados baratos e invierte en proyectos de infraestructura.

El objetivo de EEUU no es cortar por completo el comercio con China, ya que esto es imposible. Lo que EEUU sí quiere es el control sobre la infraestructura clave y los minerales críticos, al tiempo que niega el acceso a sus rivales (China, Rusia, etc.). Según la Estrategia de Seguridad Nacional:

«Trabajaremos con aliados y socios para mantener los equilibrios de poder globales y regionales a fin de prevenir el surgimiento de adversarios dominantes. Dado que Estados Unidos rechaza el desafortunado concepto de dominación global para sí mismo, debemos impedir la dominación global, y en algunos casos incluso regional, de otros. Esto no significa malgastar sangre y tesoro para coartar la influencia de todas las grandes y medianas potencias del mundo. La influencia desmesurada de las naciones más grandes, ricas y fuertes es una verdad atemporal de las relaciones internacionales. Esta realidad a veces implica trabajar con socios para frustrar ambiciones que amenacen nuestros intereses comunes».

El Escudo de las Américas no es más que una herramienta política y militar para controlar el hemisferio y coordinar la reacción a nivel central. Los Estados miembros de la cumbre pueden solicitar formalmente la intervención militar estadounidense en su propio territorio para hacer frente a amenazas militares tanto internas como externas. El feo logo, la brillante iluminación de estudio, la enorme cantidad de fotos y el hecho de que se celebrara en Florida no son una casualidad. Son una enorme señal dirigida a China que dice: «puede que compres cobre y hierro a estos países, pero nos pertenecen a nosotros. Están políticamente subordinados a nosotros».

Un ejemplo de un organismo similar es la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) de Rusia, con Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán. Organiza ejercicios conjuntos, suministros de armas, seguridad fronteriza compartida y entrenamiento militar. La OTSC fue clave para aplastar la revolución de enero de 2022 en Kazajistán. En el fondo, es un organismo diseñado para defender la esfera de influencia de Rusia, tal como Estados Unidos está tratando de hacer en su patio trasero.

Sin embargo, como Trump ha descubierto en Ucrania y en el Medio Oriente, sus grandes planes de repliegue son más fáciles de decir que de hacer. En América Latina, sus objetivos se ven dificultados por la fuerte oposición pública en todo el continente a la presencia de tropas estadounidenses.

El pasado noviembre, Noboa, de Ecuador, le dio a Kristi Noem un recorrido a caballo por antiguas bases militares estadounidenses en las ciudades costeras de Manta y Salinas, con el plan de reabrirlas y llenarlas de soldados y equipo estadounidenses. Pero la Constitución de 2008 del gobierno de izquierda de Rafael Correa prohíbe todas las bases militares extranjeras en territorio ecuatoriano. Poco después de la visita de Noem, Noboa presentó un referéndum para cambiar esto, tal como lo exige la ley. Fue rechazado por el 60 por ciento de los votos.

Por lo tanto, la guerra de EEUU contra la «narco-tiranía» es simplemente una excusa conveniente para introducir tropas por la puerta trasera.

La lucha por el hemisferio

EEUU ya está utilizando presión económica, política y militar para expulsar a China de su «patio trasero». Ha estado avanzando de manera constante hacia este objetivo desde el inicio del segundo mandato de Trump. El Escudo simplemente está organizando fuerzas políticas ya existentes.

El Chile-China Express es un cable de fibra óptica de 20.000 kilómetros de longitud que conectará Hong Kong con el puerto de Valparaíso, lo que permitirá a Pekín reducir su dependencia de las rutas de Internet que pasan por Norteamérica. Este cable «básicamente deja a Estados Unidos sin poder ver lo que está sucediendo» en el tráfico de datos regional, declaró el experto en telecomunicaciones Jonathan Frez a la Agence France-Presse. En represalia, Estados Unidos ha sancionado a tres funcionarios chilenos, incluido el ministro de Transporte, y los ha presionado para que revoquen su aprobación del proyecto. El proyecto se encuentra ahora en un limbo procedimental, pero es probable que se cancele a favor del Cable Humboldt de Google, que va de Australia a Chile.

Estados Unidos también está tratando de encontrar alternativas a los minerales que China controla de manera abrumadora en el mercado mundial. México cuenta con grandes yacimientos de grafito, fluorita, cobre y litio, así como de mineral de esfalerita de alta calidad, que contiene cadmio, galio, germanio e indio. Pero, si bien el país tiene capacidad de fundición, no tiene la capacidad de concentrar estos minerales críticos en grandes cantidades. Esto requeriría miles de millones de dólares a lo largo de varios años. El mes pasado se firmó el Pacto Minero entre Estados Unidos y México con el objetivo de acercar las cadenas de suministro de minerales críticos, incluyendo el establecimiento de precios mínimos.

Estados Unidos está tratando de expulsar a China del Canal de Panamá, y la Corte Suprema de Panamá declaró recientemente nulos y sin efecto los contratos de los puertos situados a cada extremo del canal, controlados por empresas con sede en Hong Kong. En su lugar, para evitar el canal, China está construyendo una ruta comercial entre Perú y Brasil, lo que reduciría los tiempos de envío a China en 10 días. Esto incluye el puerto de Chancay en Perú, el puerto de Santos en Brasil y un ferrocarril propuesto de 4.500 kilómetros para conectar ambos. Para contrarrestar esto, Estados Unidos ha presionado a Perú para que gaste 1.500 millones de dólares en modernizar la Base Naval de Callao, a solo 80 kilómetros del puerto de Chancay, para que la utilice Estados Unidos. Ha advertido a Brasil y Perú de que habrá consecuencias si se completa la ruta comercial china.

Por último, Estados Unidos quiere eliminar a cualquier aliado chino en la región, ya sea económicamente o por la fuerza. Esa fue parte de la motivación detrás de la invasión estadounidense de Venezuela, un socio clave de China en el continente, que exportaba petróleo, minerales y oro, a cambio de equipo militar. Maduro fue capturado apenas unas horas después de reunirse con una delegación de diplomáticos chinos.

Tras la invasión, Kelly Armstrong, gobernador de Dakota del Norte, dijo: «Alguien va a explotar el petróleo de Venezuela; es demasiado valioso», y añadió: «¿Quiero que sean Chevron, Exxon y las empresas estadounidenses … o quiero que sean Irán y China quienes exploten ese recurso?».

Ninguno de estos acontecimientos es aislado. Todos forman parte de la red que Estados Unidos está tejiendo sobre el continente. Podemos esperar que los signatarios del Escudo de las Américas sigan inclinándose en la misma dirección a medida que continúa la lucha por el continente.

El Escudo muestra al mundo quiénes son los lacayos de Trump. Pero no es un bloque homogéneo. Ecuador es el pais más inclinado hacia Estados Unidos debido a su crisis interna. Perú le sigue de cerca. Justo el mes pasado, el presidente de ese país fue sometido a un juicio político por un escándalo en el que se reunió con empresarios chinos en el barrio chino de Lima. El presidente argentino Javier Milei es uno de los mayores defensores de Trump, pero dijo que su país «no puede funcionar sin China» en el Foro Económico Mundial de 2026. Por otro lado, Uruguay, aunque alineado políticamente con EEUU, se negó a asistir a la cumbre para mantener intactos sus estrechos lazos con China. La crisis del capitalismo continuará esta tendencia, obligando a cada país a elegir un equipo: Estados Unidos o China.

Por otro lado, Brasil, México y Colombia, que representan el 60 por ciento de la clase trabajadora y el PIB del continente, no fueron incluidos en la cumbre. Pero esto no significa que las clases dominantes de estas naciones no estén subordinadas al imperialismo estadounidense. Esto se ve más claramente en el caso de Cuba. Los tres producen petróleo. Cualquiera de ellos podría romper el bloqueo contra Cuba. Sin embargo, todos han cedido ante la amenaza de aranceles y ataques militares, y acordaron no enviar petróleo.

Su capitulación fue aún más humillante ya que, el 31 de marzo, un buque petrolero estatal ruso que transportaba 730 000 barriles de petróleo pasó directamente frente a la guardia costera de EEUU y entró en puertos cubanos.

Cuando los periodistas le preguntaron al respecto, Trump dijo: «No nos molesta que alguien envíe un cargamento, porque lo necesitan, tienen que sobrevivir», dijo. «Les dije que si un país quiere enviar petróleo a Cuba en este momento, no tengo ningún problema con eso. Sea Rusia o no».

Existe un apoyo masivo al pueblo cubano en América Latina. En México, casi el 90 por ciento de la población aprueba el envío de petróleo. Los trabajadores se preguntan: si Rusia puede enviar petróleo, ¿qué excusa tienen México, Colombia y Brasil, países de izquierda?

Hablando sobre el bloqueo petrolero a Cuba, Lula dijo: «Ya no somos países colonizados. No podemos permitir que nadie interfiera en los asuntos y la integridad territorial de nuestros países». Claudia Sheinbaum ha dicho que México tiene todo el derecho a enviar combustible a Cuba, ya sea por razones humanitarias o comerciales.

Pero, ¿de qué sirve el «derecho» de una nación a hacer algo, si no puede ejercerlo libremente?

La debilidad en este caso solo invitará a la agresión, y Estados Unidos ya está atacando a estos países. México fue incitado a asesinar al líder del Cartel de Jalisco Nueva Generación, El Mencho, lo que causó un caos masivo en el país. En julio de 2025, Estados Unidos impuso un arancel del 50 por ciento a la mayoría de los productos brasileños por su participación en el BRICS. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha sido mencionado en dos investigaciones penales distintas dirigidas por fiscales de Estados Unidos, que afirman que es un narcotraficante —el mismo pretexto utilizado para secuestrar a Maduro. Colombia tiene elecciones en mayo, en las que Estados Unidos sin duda hundirá sus sucias garras.

Esto muestra las limitaciones del reformismo de izquierda en la lucha contra el imperialismo. No se puede garantizar el desarrollo, un nivel de vida y una baja tasa de criminalidad en un sistema donde la economía está controlada por los imperialistas y el presupuesto viene determinado por los precios mundiales de las materias primas. Los fracasos de la Marea Rosa demuestran que, si se aceptan las reglas del capitalismo, se aceptan sus límites. De hecho, todos y cada uno de los líderes reaccionarios que participaron en la cumbre de Trump fueron elegidos a costa de los fracasos y las capitulaciones de los gobiernos de izquierda.

¿Cómo luchamos contra el imperialismo?

El Escudo de las Américas no surge de una posición de fuerza, sino de debilidad. Estados Unidos está en relativo declive en todo el mundo y busca reconquistar antiguos mercados mientras abandona otros. No existe un escenario en el que Estados Unidos pueda mantener a China completamente fuera del continente y absorber todas las materias primas de América Latina. En cambio, estos países del Escudo están llevando a cabo voluntariamente el plan de Estados Unidos de minimizar la influencia china bajo la amenaza de una invasión estadounidense y aranceles económicos. Pero Estados Unidos sí promete algo que China no puede: el poderío militar estadounidense.

Este mismo mes, se movilizaron 75.000 soldados ecuatorianos en el país para combatir el «crimen de drogas». Y aunque la presencia militar extranjera está prohibida constitucionalmente, el Comando Sur de EEUU se encuentra en el país en este momento, proporcionando personal, equipo militar y vigilancia. Las fuerzas especiales estadounidenses incluso se han unido a las tropas ecuatorianas en operaciones adentro del país.

Al mismo tiempo, un juez electoral de Ecuador, actuando a petición de la administración del presidente Daniel Noboa, suspendió recientemente por nueve meses al mayor partido de oposición del país, el partido de izquierda Revolución Ciudadana de Rafael Correa. Esta suspensión impide al partido realizar actividades políticas y participar en las elecciones locales de 2027. La adhesión al Escudo de las Américas y tener al ejército estadounidense a su disposición le dio al gobierno de Noboa la confianza para actuar.

Este es el plan de juego del Escudo de las Américas: intercambiar la influencia china por estabilidad política y el respaldo del imperialismo estadounidense.

Este es el plan de juego del Escudo de las Américas: intercambiar la influencia china por estabilidad política y el respaldo del imperialismo estadounidense / Imagen: obra propia

Pero los planes de Trump en América Latina implican la movilización de las fuerzas armadas y miles de millones de dólares de inversión. Esta es su mayor ofensiva imperialista en el continente en una generación. Lo están haciendo de manera arrogante y caótica, asumiendo que pueden tener éxito simplemente irrumpiendo de manera beligerante. Esto sería increíblemente difícil incluso si las condiciones fueran perfectas para EEUU, lo cual no es el caso.

La ofensiva imperialista de EEUU en América Latina está destinada a provocar, en cierto punto, una reacción masiva. Como dijo Trotsky en 1938:

«La política del imperialismo estadounidense aumentará necesariamente la resistencia revolucionaria de los pueblos latinoamericanos a quienes debe explotar con creciente intensidad. Esta resistencia, a su vez, se encontrará con la reacción más feroz y los intentos de represión por parte de Estados Unidos».

La clase trabajadora estadounidense también se opone abrumadoramente a la intervención en Cuba y América Latina. Se movilizaron por millones en todo el país, especialmente en Minneapolis, para aplastar el ICE. La clase trabajadora latinoamericana debería hacer un llamamiento abiertamente revolucionario a los trabajadores estadounidenses.

La experiencia de la Revolución Cubana demuestra que la mejor herramienta que tienen los trabajadores para luchar contra el imperialismo es expropiar a los mismos capitalistas que le suplican a Trump que invada sus países, junto con las corporaciones estadounidenses, europeas y chinas que dominan las cimas de mando de la economía.

El Escudo de las Américas es un intento de recolonizar el continente. Las medidas revolucionarias son la única forma de detener esto. Mientras Trump y Hegseth hablan de una «Gran América del Norte», nosotros luchamos por una Federación Socialista de las Américas.

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