Alto el fuego en Irán: la humillante retirada de Trump

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«Una victoria total y absoluta. Al 100 por ciento. Sin lugar a dudas». Con estas palabras, Donald Trump describió el alto el fuego de dos semanas con Irán anunciado anoche.

Apenas unas horas antes, Trump había amenazado con que «moriría toda una civilización», lo que no provocó ni una sola crítica por parte de los aliados de Estados Unidos. Pero poco antes de que expirara su propio plazo, Trump se acobardó ante los ojos del mundo. Ahora ha aceptado, al menos de palabra, negociar sobre la base de una propuesta iraní de 10 puntos, mediada por Pakistán, como un paso hacia el fin definitivo de las hostilidades.

Si le crees a la Casa Blanca, el alto el fuego es el resultado de que EEUU haya «cumplido y superado» todos los objetivos militares. Trump ahora afirma que nos espera una «Edad de Oro de Oriente Medio». La portavoz Karoline Leavitt se jactó de las «increíbles capacidades de nuestros guerreros» y le atribuyó a Trump el mérito de haber «logrado la reapertura del estrecho de Ormuz» —el aparente gran premio de la guerra, sin importar que estuviera abierto antes de que EEUU e Israel atacaran a Irán el 28 de febrero.

El alto el fuego es muy frágil y podría romperse en cualquier momento. Pero se mantenga o no, esto es una grave derrota para los Estados Unidos y para Trump personalmente.

El último mes ha puesto de manifiesto tanto los límites de la diplomacia de las cañoneras de Trump como del imperialismo estadounidense en general. La economía mundial ha sufrido graves daños, los aliados de los Estados Unidos se han visto sistemáticamente alienados, la base de Trump está dividida y ahora un signo de interrogación se cierne sobre el futuro de la influencia estadounidense en Oriente Medio.

¿El arte de la negociación?

Si nos fijamos en el contenido real del plan, tal como publicaron los medios estatales iraníes, la historia es muy diferente a las declaraciones triunfantes de Trump. Lejos de ceder ante EEUU desde una posición de debilidad, Irán ha conseguido, sobre el papel, concesiones que EEUU nunca hubiera soñado con otorgar antes de que empezara la guerra.

El acuerdo exige un cese completo y permanente de las hostilidades no solo en Irán, sino también en Irak, Líbano y Yemen, lo que obliga de hecho a EEUU a frenar no solo sus propias ambiciones, sino también las de Israel. Cualquier incumplimiento le daría a Irán motivos legítimos para reanudar los ataques, ya sea que Netanyahu ataque a Irán o a sus aliados. El estrecho de Ormuz se regirá por un «protocolo de seguridad de navegación» acordado, en el que Irán actuará efectivamente como cobrador de peaje, exigiendo un buen tributo a cambio del paso seguro.

El acuerdo exige un cese total y permanente de las hostilidades no solo en Irán, sino también en Irak, Líbano y Yemen / Imagen: dominio público

En el frente económico, los Estados Unidos tendrían que pagar a Irán una indemnización completa por la reconstrucción, levantar todas las sanciones y liberar todos los activos iraníes congelados. Irán, a su vez, simplemente se compromete a no buscar armas nucleares, algo a lo que ya había accedido muchas veces antes de la guerra.

Para Irán, la victoria siempre se definió como mera supervivencia. Al sobrevivir, ha puesto de manifiesto los límites de la estrategia militar estadounidense, demostrando que puede contrarrestarse mediante la guerra asimétrica y el control de puntos de estrangulamiento geoestratégicos clave. La campaña de misiles y drones de Irán dañó al menos 11 bases estadounidenses, lo que obligó a evacuar a su personal militar, así como innumerables instalaciones energéticas en toda la región. Al cerrar simultáneamente el estrecho de Ormuz, Irán aprovechó la vulnerabilidad de la economía mundial ante las crisis energéticas, incluso en los propios EEUU, donde los precios promedio de la gasolina han subido un 45 por ciento desde febrero.

Los constantes cambios de opinión de Trump—modificando sus objetivos de guerra y alternando repetidamente entre proclamar una victoria prematura y escalar aún más el conflicto—han causado un daño sin precedentes a su ya tambaleante popularidad. Se ha abierto una brecha en su movimiento MAGA, con antiguos influyentes de Trump exigiendo su destitución.

Por ahora, declarar la «victoria» y alejarse de la guerra es su opción menos mala.

Irán sale fortalecido

Irán, por su parte, sale con la cabeza en alto. Como deja claro una extensa declaración del Consejo de Seguridad Nacional de Irán, sus líderes se dirigen a Islamabad con todas las cartas en la mano. Si EEUU acepta cualquier versión del plan de 10 puntos, Irán tendrá el respiro político y económico que necesita para reconstruirse.

En Israel, la retirada de Trump ya ha sido recibida con rabia y pánico por parte de los sionistas fanáticos, que no quieren nada menos que ver el colapso total de Irán. Seguramente habrán estado incitando a Trump a que realmente llevará a cabo las amenazas genocidas de ayer. Pero un fin de la guerra en los términos de Irán —lo que representa el alto el fuego— sería lo peor de todos los mundos. Lo dejaría más fuerte que antes, socavando la posibilidad de que Israel se convierta en la potencia dominante de la región —el objetivo mismo por el que arrastró a EEUU al conflicto en primer lugar— y obligaría a Estados Unidos a retirarse de la región, dejando a Israel expuesto y poniéndolo en peligro existencial en un momento en que está involucrado en seis frentes.

El líder de la oposición israelí, Yair Lapid, no se anduvo con tiros al comentar sobre el alto el fuego:

«Nunca ha habido un desastre político así en toda nuestra historia. Israel ni siquiera estaba en la mesa cuando se tomaron las decisiones sobre el núcleo de nuestra seguridad nacional. Netanyahu fracasó políticamente, fracasó estratégicamente y no cumplió ni uno solo de los objetivos que él mismo se fijó. Nos llevará años reparar el daño que causó con su arrogancia, negligencia y falta de planificación estratégica».

Esta es una declaración contundente, que muestra con precisión la posición debilitada en la que se encuentra ahora Israel. No solo los ha tomado por sorpresa la capacidad de Irán para atacar objetivos en todo Israel, sino que Hezbolá ha resurgido como una fuerza imponente, lo que está causando graves pérdidas a las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) invasoras.

Netanyahu hará todo lo que esté en su poder para arrastrar a EEUU de vuelta al conflicto. Es revelador que la propuesta de 10 puntos de Irán incluya el fin de la guerra de Israel contra el Líbano; sin embargo, Netanyahu ya ha actuado para socavar el alto el fuego al rechazar esta cláusula y lanzar la mayor oleada de ataques contra el país desde que comenzó la guerra, golpeando más de 100 supuestas posiciones de Hezbolá en Beirut, el valle de la Bekaa y el sur del Líbano. Solo esta mañana 300 personas han perecido en Beirut y los hospitales están pidiendo donaciones de sangre de emergencia.

Al igual que al final de la Guerra de los 12 Días del año pasado, los objetivos divergentes de Israel y Trump vuelven a quedar al descubierto. Para Israel, cualquier resultado que deje en pie al régimen iraní equivale a una derrota aplastante.

¿Recuperación económica?

En última instancia, lo que obligó a Trump a actuar fueron las consecuencias económicas de la guerra. El cierre de 38 días del estrecho de Ormuz causó caos en toda la economía mundial, haciendo subir el precio del petróleo, el gas, los fertilizantes y casi todos los productos químicos industriales. Las previsiones de crecimiento cayeron, la inflación se disparó y los mercados se tambalearon.

La gente común ya está sintiendo la presión. Un cierre prolongado del estrecho habría empeorado mucho las cosas, ya que las reservas se agotaron y empezaron a aparecer escasez real y especulación con los precios. Al disparar los precios del petróleo, el gas y sus derivados, la crisis amenazaba con empujar a la economía mundial por el precipicio hacia la estanflación o incluso una depresión, lo que acabaría con años de «recuperación» económica en cuestión de meses.

Con esto en mente, y con las elecciones de mitad de mandato cada vez más cerca, Trump decidió tirar la toalla y cortar por lo sano. Pero aunque hoy los mercados reaccionarán con júbilo, las consecuencias de la guerra se seguirán sintiendo durante meses, si no años —y eso suponiendo que no estallen nuevas hostilidades.

Los analistas del sector marítimo ya dicen que no habrá un «éxodo masivo» del Golfo Pérsico, y uno de ellos comenta que el alto el fuego «sigue exigiendo que los barcos, en esencia, pidan permiso [a Irán], y ahí está la clave. Eso significa que nada ha cambiado: sin permiso, no hay tránsito». Las instalaciones energéticas, por su parte, han sufrido daños críticos durante la guerra y están lejos de ser reparadas. Se espera que algunas están en reconstrucción durante años.

La guerra ha puesto de manifiesto la extrema vulnerabilidad del comercio mundial y las cadenas de suministro, que pueden ser explotadas por países que, sobre el papel, son mucho más débiles que EEUU. Al tomar como rehén el estrecho de Ormuz en la guerra, Irán ha logrado darle la vuelta a la guerra económica contra EEUU, obteniendo además unos beneficios considerables en el proceso.

El declive de EEUU

A pesar de lo que Trump pueda decir, su debacle en Irán se ha convertido, en cuestión de semanas, en el mayor error de política exterior que se recuerda. La posición que EEUU había construido en todo Oriente Medio décadas atrás —con bases militares en todo el Golfo que supuestamente protegían infraestructuras clave vitales para la economía mundial— ha demostrado no ser rival para el arsenal de misiles de Irán.

Así, EEUU ha quedado al descubierto. Los aliados de EEUU en el Golfo —que dependen totalmente de EEUU para su defensa— se quedaron solos mientras EEUU se enfocaba en proteger a Israel y sus propias bases. Al darse cuenta de esto, muchos Estados del Golfo incluso presionaron a Trump para que continuara la guerra con la esperanza de terminar el trabajo y eliminar a Irán como amenaza para sus intereses. Pero con el alto el fuego, sus esperanzas se han visto frustradas hasta ahora.

Dentro de la propia administración de Trump, está lejos de haber acuerdo en que el acercamiento a Irán sea el camino a seguir. En particular, Steve Witkoff, el negociador extraordinario de Trump, está «muy enojado» y califica el plan de 10 puntos de «desastre, una catástrofe», según los informes. Ahora viajará a Islamabad junto con JD Vance.

El método de Trump de intentar abrirse camino a la fuerza en política exterior con acuerdos rápidos y operaciones militares «quirúrgicas» se está topando con los límites objetivos del poder de EEUU en todo el mundo. Pasando de una postura a otra, actúa como un elefante en una cacharrería, desestabilizando la economía estadounidense y mundial en el proceso.

Si el alto el fuego se mantendrá realmente y conducirá a algún tipo de acuerdo más duradero en las próximas semanas, solo el tiempo lo dirá. Sin duda, todavía existe la posibilidad de otro giro de 180 grados.

Caída en desgracia

La guerra de Irán ya ha tenido un profundo efecto en la conciencia de los estadounidenses. Irán puede ahora reclamar al menos una victoria temporal, lo que lleva a la inevitable pregunta incluso por parte de los partidarios más leales de Trump: ¿qué se suponía que iba a lograr todo esto?

En el bando de MAGA, la guerra de Irán ha desatado una feroz reacción, mayor que la reacción a cualquiera de las políticas anteriores de Trump, incluido el secuestro de Nicolás Maduro. Influencers destacados de MAGA como Candace Owens, Joe Rogan y Tucker Carlson se han vuelto públicamente contra Trump por su participación en la guerra. Alex Jones dijo ayer que «Trump suena literalmente como un supervillano desquiciado de una película de Marvel. ¡¡ESTO NO ES LO QUE VOTAMOS!!». Theo Von, quien recibió a Trump en su podcast durante las elecciones de 2024, ahora llama a EEUU e Israel los verdaderos terroristas en la guerra contra Irán.

Mientras tanto, los índices de aprobación de Trump son los más bajos desde su termino. El apoyo a la guerra ha sido igualmente bajo de forma constante, con más del 60 por ciento en desacuerdo, mientras que el 69 por ciento de los estadounidenses dice que el aumento de los precios de la gasolina es su principal preocupación. En cuanto a Israel, el 57 por ciento de los jóvenes republicanos —un grupo que era firmemente proisraelí hace solo unos años— ahora tiene un opinión desfavorable del país.

No hay que subestimar la importancia de esto. Como señalamos antes de que Trump volviera al poder, su base social está formada por elementos contradictorios. El sector de la clase trabajadora que votó por Trump no lo hizo porque quisieran iniciar nuevas guerras en el Medio Oriente, sino porque Trump prometió el fin de las guerras en el extranjero, al tiempo que mejoraría la vida de los estadounidenses.

La guerra en Irán ha resultado ser un error inmenso. Independientemente de si el alto el fuego se mantiene o no, 38 días de bombardeos indiscriminados han supuesto un costo enorme para el capitalismo estadounidense y su régimen —ahora conocido por muchos como la belicista «clase Epstein»—que cada vez genera más desconfianza e incluso odio entre la población general.

Como señaló Lenin, la guerra imperialista intensifica todas las contradicciones; una derrota, aún más. Los trabajadores y la juventud sacarán conclusiones importantes de estos acontecimientos, viendo el alto el fuego tal como es en realidad. Buscarán cada vez más un camino revolucionario, no a partir de razonamientos teóricos, sino de vivir la amarga experiencia del declive de EEUU y el callejón sin salida del trumpismo.

El nivel de vida se está viendo gravemente afectado en Estados Unidos, y en el próximo período a Trump no se le verá como el hombre que resolvió los problemas de la clase trabajadora, sino como el hombre que los agravó. Toda su palabrería ruidosa, toda su fanfarronería grandilocuente, se verá como lo que realmente es: las diatribas de un presidente que no tiene respuestas a los problemas reales. En lugar del presidente que está haciendo grande a Estados Unidos de nuevo, se le verá como alguien que ha gobernado durante un nuevo y pronunciado declive del poderío de Estados Unidos.

La crisis en el Medio Oriente ha puesto todo esto de manifiesto con mucha claridad y esto tiene un profundo impacto en la conciencia de millones de personas. Y a medida que la coalición de fuerzas que llevó a Trump al poder se desmorona a lo largo de líneas de clase, la perspectiva que se abre es la de una intensa lucha de clases en el próximo período.

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