El 12 de febrero, las principales confederaciones sindicales de India, entre ellas la AITUC, la CITU, la INTUC y la HMS, además de federaciones sectoriales (como la Asociación de Empleados Bancarios de toda India) y organizaciones de agricultores, convocaron conjuntamente una huelga general nacional. Los líderes sindicales afirman que participaron 300 millones de personas. Pero, ¿cuál es el balance de la huelga? ¿Y qué camino tomamos a partir de aquí?
Esta acción se dirigió contra los esfuerzos del gobierno de Modi por diluir las leyes laborales de India, sus recientes acuerdos comerciales con los Estados Unidos y la Unión Europea (que representan concesiones masivas al capital extranjero) y otras políticas que aumentarán el empobrecimiento de los trabajadores y agricultores.
La huelga en toda India contó con el apoyo de la mayoría de las principales organizaciones de trabajadores de India, así como de organismos que representan a los agricultores, como Samyukta Kisan Morcha y All-India Kisan Sabha.
Solo la BMS (Bharatiya Mazdoor Sangh), el mayor sindicato de India, ideológicamente alineado con la camarilla gobernante del RSS-BJP, no apoyó esta huelga. De hecho, se opuso explícitamente a la acción, que calificó de motivada políticamente. La BMS es un sindicato rompehuelgas, cuya ideología nacionalista reaccionaria se resume en su lema: «Primero la nación, luego el trabajo, por último uno mismo».
Sin embargo, sigue representando a muchos trabajadores, y su oposición tuvo un impacto, reduciendo la presencia de trabajadores en los estados gobernados por el BJP, donde el BMS tiene una mayor influencia.
No obstante, existe una enorme ola de indignación en la sociedad como resultado de la continua ofensiva de Modi contra los trabajadores y los pobres. Había todas las posibilidades de que esta huelga tuviera un gran impacto.
¿Fue un éxito la huelga en toda India?
Es bastante difícil evaluar con precisión la magnitud de la movilización. Sin duda, hubo una amplia participación tanto del sector formal (bancos, transporte, minería) como del informal (construcción, mano de obra rural). La cifra de 300 millones circuló ampliamente porque era la que proyectaban los líderes sindicales basándose en huelgas nacionales anteriores. Naturalmente, los medios de comunicación apoyados por Modi minimizaron la participación.
La cobertura independiente no proporcionó una cifra oficial, pero muchos informes señalaron que la huelga no paralizó todo el país, como sería de esperar de una movilización de esta magnitud: si la cifra de 300 millones fuera correcta, sería la mayor huelga de la historia. En cambio, las pruebas apuntan a una fuerte participación en algunas zonas del país, pero con un impacto limitado a nivel nacional.
En Kerala se observó un cierre casi total. Las tiendas y las oficinas gubernamentales permanecieron cerradas en su mayoría. El transporte público se vio gravemente afectado. En ciudades como Thiruvananthapuram, Kochi y Kozhikode, los autobuses estatales y privados, los taxis y los rickshaws no circulaban o eran detenidos por los activistas, lo que dificultaba enormemente los desplazamientos de los viajeros.
Los maestros y profesionales que intentaban trabajar a pesar del bharat bandh (paro total) fueron detenidos o confrontados por los activistas de la huelga. Los médicos de la facultad de medicina pública de Kerala, a pesar de no formar parte del bharat bandh, boicotearon indefinidamente los servicios ambulatorios y las intervenciones quirúrgicas, lo que se sumó a la interrupción general de los servicios públicos.
Los estados de Tamil Nadu, Odisha y Telangana solo se vieron moderadamente afectados. En Tamil Nadu, un numeroso grupo de manifestantes intentó bloquear las vías férreas alrededor de Trichy Junction, lo que provocó enfrentamientos con la policía y la detención de muchos manifestantes. Pero, a pesar de estos intentos, el transporte público siguió funcionando en gran medida sin interrupciones importantes. Hubo casos de trabajadores amenazados por sus jefes para que no se unieran a las protestas, so pena de suspensión.
En Jharkhand, hubo manifestaciones callejeras frente a las principales empresas carboníferas y empresas del sector público. En el estado de Odisha, los sindicatos organizaron mítines y manifestaciones pacíficas, con consignas contra el Código Laboral y las privatizaciones. Hubo algunos casos de piquetes y bloqueos de carreteras, pero no se produjo ningún movimiento a gran escala. En otras ciudades, la participación en la huelga fue muy limitada. En Delhi, por ejemplo, no se produjeron interrupciones importantes. Los ferrocarriles, el transporte y otras instituciones funcionaron con normalidad.
Lo que podemos decir es que la huelga no logró traducir el descontento latente en la sociedad india en una acción masiva organizada. Sin duda, fue mucho más débil que las anteriores bharat bandhs de 2020 y 2022, que reunieron a más de 200 millones de personas en las calles. Tampoco logró su objetivo expreso de obligar a Modi a derogar el Código Laboral. A pesar de eso, los líderes sindicales calificaron la huelga como un gran éxito. ¿Cómo podemos entender esta discrepancia entre las palabras de los líderes y los hechos?
La ira de los trabajadores indios
Lo primero que debemos decir es que no hay ninguna razón objetiva para que la huelga haya tenido tan pocos resultados, dado el nivel de ira entre las masas indias
El gobierno nacionalista hindú de Modi ha revelado cada vez más que está firmemente alineado con los poderosos intereses corporativos nacionales y las fuerzas imperialistas extranjeras. Sus políticas han profundizado la desigualdad, debilitado las protecciones laborales e intensificado la crisis agraria, al tiempo que han consolidado la riqueza y el poder entre una pequeña élite. El gobierno ha aplastado a los trabajadores, los agricultores y la clase media en dificultades.
Los traicioneros y desiguales acuerdos comerciales entre India y Estados Unidos y entre India y la Unión Europea, que someten al país a los mercados extranjeros y ponen en peligro los sectores agrícola y textil, junto con el nuevo Código Laboral, continúan la campaña del BJP para reducir a las masas indias a materia prima barata para su explotación.
Persiste un clima de descontento contra el establishment político y económico entre amplios sectores de la población. El reciente y rápido aumento del número de miembros de los sindicatos demuestra que las masas indias están recurriendo a sus organizaciónes tradicionales como medio de autodefensa, aunque la mano de obra sindicalizada solo representa el 10 por ciento del total.
Pero el principal factor limitante es el conservadurismo de los dirigentes sindicales burocráticos, que restringen a la clase obrera a gestos simbólicos que no logran canalizar la furia de la sociedad en un desafío serio a Modi y a la clase dominante india.
No había ningún plan para intensificar la huelga más allá de un solo día de acción. No se preparó ninguna lucha seria para revocar el Código Laboral o conseguir cualquiera de las otras demandas de los trabajadores. Básicamente se utilizó como válvula de escape para la tensión social. Se trata exactamente de la misma acción rutinaria que la clase obrera ha visto antes, lo que ayuda a explicar por qué la participación fue menor esta vez. Los trabajadores saben que estos días de acción aislados no dan resultados, por lo que millones de ellos simplemente se encogieron de hombros.
La culpa es de las burocracias sindicales, que han desperdiciado el potencial de lucha de la clase trabajadora con estos métodos fallidos. Este proceso de traición y desmoralización de las bases no comenzó el 12 de febrero.
Fracasos del liderazgo tras la independencia
Desde la independencia, India ha sido testigo de numerosas huelgas generales. Aunque muchas han logrado avances parciales, la mayoría han tenido un impacto global mayoritariamente simbólico. Por el contrario, la reciente protesta nacional de los campesinos demostró el poder de una movilización masiva sostenida y organizada. Tras una agitación prolongada, el movimiento logró una victoria significativa, que culminó con la derogación de las tres leyes agrícolas de Modi. ¿Por qué las organizaciones sindicales no han logrado replicar este éxito?
La situación no surgió de la noche a la mañana. Es el resultado de un proceso que ha durado décadas. Desde principios de la década de 1940 hasta la de 1970, India vivió una fase militante de acción sindical. Los sindicatos se expandieron por todos los sectores y los trabajadores se organizaron cada vez más en torno a cuestiones salariales, condiciones laborales y derechos en el lugar de trabajo.
Sin embargo, las burocracias sindicales y los partidos estalinistas a los que muchos estaban afiliados siempre impidieron una lucha decisiva contra el capitalismo indio, lo que significaba que estas luchas siempre tuvieron un carácter defensivo.
Cuando el capitalismo indio entró en crisis en los años ochenta y principios de los noventa, que culminó con el colapso del gobierno de Chandra Shekhar y el asesinato de Rajiv Gandhi, la burguesía se vio obligada a actuar de manera decisiva contra los trabajadores.
A continuación se produjo la liberalización económica, que supuso un importante revés para los sindicatos y la clase trabajadora. El gobierno del Congreso de P. V. Narasimha Rao llevó a cabo una serie de «reformas» que abrieron India a los mercados extranjeros, aceleraron la privatización y debilitaron a los sindicatos. En la década de 2000 se produjo un rápido aumento del trabajo por contrato y del empleo informal, lo que socavó aún más el poder de los sindicatos.
Hoy en día, casi el 90 por ciento de la mano de obra de India está empleada en el sector informal, a menudo sin seguridad laboral, contratos escritos o protecciones sociales. Este cambio ha alterado fundamentalmente las relaciones de clase, dispersando a los trabajadores por lugares de trabajo fragmentados y haciendo que la organización colectiva sea mucho más difícil que en décadas anteriores.
Fue este proceso, basado en la sobreexplotación de los trabajadores indios, el que facilitó el «notable» crecimiento económico del país y llenó los bolsillos de los multimillonarios del país, mientras que cientos de millones de personas languidecían en la pobreza.
Los líderes sindicales indios no emprendieron ninguna lucha seria contra esto. Mientras tanto, la corrupción y el colaboracionismo de clase de los llamados partidos comunistas, que anteriormente contaban con una base de masas, crearon un espacio para que el chovinismo hindú de Modi desviara la ira de la gente hacia las minorías religiosas y las castas oprimidas.
Hoy en día, todos los partidos de izquierda colaboran con el Partido del Congreso, que encabezó la destrucción de los derechos de los trabajadores después de 1991. Los «izquierdistas» justifican esta traición con la excusa de luchar contra el «fascismo» de Modi y proteger la democracia constitucional de India. También vimos, durante la breve guerra con Pakistán hace un año, cómo los sindicatos y los partidos comunistas declararon una tregua de clases y se unieron en torno a Modi para defender «la nación».
Todo esto ha tenido un efecto desmoralizador y desmovilizador acumulativo. En ausencia de cualquier alternativa política, y dada la exasperación hacia los gestos simbólicos e ineficaces, la tibia respuesta a este último bharat bandh no es sorprendente.
Se necesita una nueva dirección
Que nunca se diga que la clase trabajadora india carece de la voluntad y los medios para luchar. Es una de las clases trabajadoras más grande del mundo, con tradiciones militantes. A pesar de todas sus limitaciones, las huelgas de los últimos años han sido las mayores movilizaciones laborales de la historia, y los agricultores demostraron en 2021 lo que se puede lograr cuando la ira del pueblo se canaliza con un plan de acción inflexible.
Ha llegado el momento de que la CITU y otros sindicatos importantes vayan más allá de las protestas simbólicas. Si el gobierno se niega a atender las demandas de los trabajadores y los agricultores, se debe preparar seriamente una huelga general indefinida. Los sindicatos deben presentar sus propias políticas laborales integrales, no solo para defender los logros del pasado, sino para promover una alternativa clara.
Una huelga general indefinida no solo se enfrentaría al actual gobierno capitalista de derecha, sino que también desafiaría los cimientos estructurales del poder corporativo en India. Además, debería ser una huelga general política destinada a sacar del poder a la turba reaccionaria Hindutva de Modi.
Los recurrentes ataques a los derechos laborales, las protecciones agrícolas y el bienestar público no son políticas aisladas, sino que reflejan contradicciones más profundas dentro del propio capitalismo indio, incapaz de hacer avanzar a la sociedad.
Una economía socialista planificada democráticamente ofrece la única vía alternativa. Al poner las industrias clave, los bancos y los servicios esenciales bajo control público, daría prioridad a las necesidades sociales sobre los beneficios privados. Los trabajadores y los agricultores podrían acceder a la sanidad universal, a una educación de calidad, a la seguridad social y al alivio de la aplastante carga de la deuda. La lucha no es solo contra políticas individuales, sino contra un sistema que subordina el bienestar humano a la acumulación de capital.
Si queremos cambiar el mundo, primero tenemos que entenderlo. La única forma de afrontar la situación a la que nos enfrentamos sería desarrollar un partido que defienda a los trabajadores, los agricultores y las masas trabajadoras, basado en las tradiciones y los métodos del marxismo. Ayúdanos a hacer crecer esta fuerza. Si eres un verdadero luchador de clase, ¡únete a nosotros!








